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“Las Farc están pasando por un periodo de refundación”: Yezid Arteta

El ex guerrillero Yezid Arteta se refiere a los principales puntos de controversia que enfrentan al gobierno con sus antiguos compañeros de guerra en la mesa de diálogo en La Habana.
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Yezid Arteta, ex integrante de las Farc. Foto Semana  

Yezid Arteta Dávila fue miembro de las Farc durante trece  años. En 1996 fue capturado por el Ejército en una operación militar en Remolinos del Caguán; estuvo en prisión 10 años, recuperó la libertad en 2006, y dejó la guerrilla. Como investigador de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, estuvo en Oslo, durante la instalación formal de la mesa de diálogos del Gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc en noviembre de este año.

En esta entrevista sostiene, entre otras tesis, que para el proceso de paz solo hay tres escenarios finales “fracaso, farsa o éxito”, según cómo se conduzcan las partes las conversaciones en Cuba.
VerdadAbierta.com lo entrevistó.

VA: ¿Por qué decidió abandonar la guerra?
Yesid Arteta: Por convicción me alcé en armas. Por convicción las dejé. En algún momento los analistas tendrán que estudiar las razones por las cuales la vía insurrecional perdió fuelle en Colombia a pesar de la existencia de hombres y armas. Sigo luchado para que la izquierda ascienda al poder y tengo la absoluta convicción que, la obtención de este fin, no será mediante la vía armada. Las posibilidades de un gobierno de izquierda en Colombia hoy son más creíbles que nunca pero eso implica superar varios trabajos, entre ellos, el más difícil: demoler el muro del conflicto armado. El conflicto armado dispersa fuerzas que estratégicamente deberían estar juntas. Una izquierda resignada por los siglos a mera constancia histórica provoca tristeza.  Hay momentos de la historia en los que resistir no significa vencer y eso está pasando en Colombia.  
 
VA: ¿Crees usted que en esta oportunidad se puede alcanzar la paz? ¿Por qué?
YA: Un proceso de diálogo está avocado a tres posibles e inapelables escenarios: fracaso, farsa o éxito. No valen las combinaciones. Sri Lanka fue un fracaso, Guatemala una farsa e Irlanda del Norte un éxito. En términos políticos tanto el gobierno como la guerrilla pueden obtener dividendos de esta negociación siempre y cuando procedan con realismo y sepan reconocer sus limitaciones. Si los protagonistas de La Habana no comprenden estas circunstancias pueden ser testigos de su propia catástrofe y llevar al país a un error o defecto trágico de consecuencias imprevisibles y, empleando el símil de Marx, desatar unas fuerzas que luego no podrán conjurar.

VA: ¿Cuál es su opinión sobre el Acuerdo General para la Finalización del Conflicto?
YA: En general, los medios vienen cubriendo las negociaciones en La Habana como mero entretenimiento y por tanto el acuerdo pactado entre las partes pareciera no existir. Si se asumen con seriedad los diálogos y no como una tomadura de pelo, queda claro que de estas conversaciones puede salir un país distinto al que tenemos ahora. Esto se deduce de los seis puntos del Acuerdo General que llevan la firma de los voceros oficiales y rebeldes. Si las partes se ciñen al narrativo de lo acordado estaríamos a las puertas de una segunda “Revolución en Marcha”, pero cualitativamente superior a la promovida por López Pumarejo.  

VA: ¿Cuál debe ser la participación de la sociedad civil y las víctimas en el proceso?
YA: Sin la participación ciudadana y la voz de las víctimas un proceso de paz está condenado al fracaso. Los plenipotenciarios en La Habana no son dioses del Génesis que pueden crear un nuevo país en siete días. Por coherencia ideológica la guerrilla debe asumir que los hacedores de historia son los pueblos. Para un gobierno legítimo la primera lección democrática está basada en la participación popular y para la higiene de las instituciones nada mejor que el constituyente primario.

Para que una guerra no se vuelva a repetir hay que hacer un descriptivo con todas la victimas. La Nación colombiana requiere de una catarsis colectiva a fin de superar los miedos y erradicar el odio. Hay que dejarle a las nuevas generaciones un país decente, justo y democrático y esto sólo es posible mediante un nuevo pacto social sin exclusiones.

VA: ¿Cuál es su lectura respecto del cese al fuego unilateral anunciado por las Farc?
YA: Las Farc es una organización habituada a no realizar concesiones unilaterales. Dicho esto, el cese unilateral por 60 días de los ataques contra las fuerzas militares y la infraestructura pública y privada es una demostración palmaria de los vientos que soplan en el interior de esta guerrilla desde los tiempos de Alfonso Cano. La suspensión definitiva del secuestro como arma de guerra es también un hecho relevante que puede llevar a pensar que las Farc están pasando por una fase de refundación de cara a un nuevo tiempo político. Cuando se piensa con la bilis no hay manera de apreciar el valor de estos hechos y desafortunadamente tenemos en Colombia a personas influyentes,  dueños de un odio visceral, a los que se les ocurre reprochar un gesto unilateral de paz.

VA: ¿Las Farc cumplirán el anuncio de cese al fuego?
YA: No es fácil verificar un alto al fuego unilateral y seguramente habrá fricciones durante este periodo porque las fuerzas regulares continúan sus operaciones. La orden del Secretariado de las Farc despejará  de una vez por todas las dudas sobre su unidad y esto podrá medirse a través de lo que suceda con la infraestructura del país entre el 20 de noviembre de 2012 y el 20 de enero de 2013.  

VA: Con el anuncio en Oslo de las Farc de que para alcanzar la paz se requiere cambiar el modelo de desarrollo y la respuesta del Gobierno de que eso no está la agenda pactada, ¿no empieza este proceso muerto sin nacer?
YA: Los delegatarios del gobierno suscribieron un Acuerdo con la guerrilla en el que se comprometieron a cambiar muchas cosas y así reza en el papel. No creo que los signatarios hayan cargado las tintas de manera ingenua. Otra cosa es que hayan matado al tigre y ahora le teman al cuero. Es absurdo pensar que una delegación tan potente y calificada como la presidida por Sergio Jaramillo cayera en una trampa y no supieran los alcances de lo acordado con los voceros de la guerrilla.    
   
VA: ¿Cómo resolver la brecha que hay entre un proceso dinámico y que dure meses, no años, y el rechazo de la guerrilla de acordar una ‘paz Express’?
YA: La única vía posible es que el proceso se convierta en una decisión del Estado colombiano y no dependa de ningún gobierno o partido. Hay que seguir el ejemplo de Noruega en el sentido de que su participación en éste y otros procesos no está al vaivén de los partidos que gobiernen en Oslo. Las constantes citas electorales en Colombia han contaminado de manera reiterada los procesos anteriores y parece que el actual no será la excepción. Un proceso de alta velocidad nos puede llevar a una farsa y comernos entre todos los colombianos un pastel envenenado, tal como sucedió en Guatemala, un país que vive hoy día una situación más violenta e ingobernable que la sucedida en los tiempos de la guerra.  

VA: ¿Debe ponerse otra silla en esta mesa para el Eln?
YA: Los ‘elenos’ tienen su orgullo y es legítimo que tengan derecho a una habitación propia. Las Farc y el gobierno prendieron motores hace varios meses y el Eln ni siquiera está en el partidero. El gobierno y los ‘elenos’ pueden acordar una ruta distinta pero que se pueda juntar más adelante con la emprendida con las Farc. Hay temas como un eventual cese al fuego, la dejación de armas o los mecanismos de participación de los alzados en política, entre otros, que deben asumirse en conjunto puesto que no son viables las medidas asimétricas para circunstancias similares.