La nueva estrategia indígena para sacar el conflicto de Cauca

Cansados del terror y la zozobra de la guerra, el pueblo Nasa inició una cruzada para sacar de sus territorios a todos los grupos armados, tanto a la guerrilla como a la Fuerza Pública.
  

Alrededor de mil indígenas partieron a las montañas para pedirle a las Farc que salgan de sus territorios o si no ellos los sacan.

- El pueblo Nasa, atrapado en una guerra ajena

Versión en inglés: In Permanent Resistance: A new indigenous strategy to combat Cauca´s conflict

 

El enfrentamiento entre las Farc y la Fuerza Pública del pasado fin de semana en el municipio de Toribío se convirtió en el detonante para que los indígenas asumieran una nueva posición frente al conflicto armado que los azota.

Desde el viernes 6 de julio, y por más de cuarenta horas, el casco urbano del municipio se convirtió en una zona de batalla en donde más de 200 familias huyeron despavoridas y se desplazaron por temor a caer entre el fuego cruzado y los explosivos hechizos de los guerrilleros.

Una fuente del Tejido de Vida y Armonía de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), le contó a VerdadAbierta.com que los hostigamientos de las Farc cesaron porque el domingo en la tarde un numeroso grupo de civiles decidieron ir a las montañas para exigirle el cese al fuego a los guerrilleros.

“Si no hubiera sido de otra forma, todavía habrían hostigamientos. Sólo la acción civil que se emprendió el domingo en la tarde permitió el cese de actividades”, indicó la fuente, quien de paso controvirtió las declaraciones oficiales que indican que la Fuerza Pública tiene el control total de la zona.

Según registros del Tejido de Vida y Armonía de la Acin, los enfrentamientos de la semana pasada dejaron 120 viviendas afectadas por impactos de bala y explosiones de tatucos, 500 personas desplazadas que desde ayer empezaron a regresar a Toribío, 11 heridos y un centro de salud destruido.

Estos hechos ocurrieron cuando la comunidad de Toribío se preparaba para conmemorar el primer aniversario del ataque más brutal del que hasta el momento ha sido víctima. El 9 de julio del año pasado las Farc activaron una chiva-bomba enfrente de la estación de Policía que dejó más de 97 casas destruidas, 180 casas averiadas, 4 muertos y 80 heridos.

Según le contaron a VerdadAbierta.com líderes de la zona, el pueblo indígena quiere vivir en paz y no cree que ésta se consiga con la confrontación armada o con el aumento de tropa en la región.

La nueva postura del pueblo Nasa
A raíz de la violencia que los tienen atrapados como víctimas en una guerra ajena, los habitantes del norte de Cauca han realizado numerosas marchas y movilizaciones pidiéndole a los grupos armados que los dejen al margen del conflicto y cesen las hostilidades.

Pero al encontrar oídos sordos por parte de los armados, el pueblo Nasa decidió cambiar de estrategia y ahora les pide a todos, grupos legales e ilegales, que salgan de sus territorios ancestrales y les permitan vivir sin la zozobra de la guerra.

“Nos declaramos en resistencia permanente hasta que los grupos y ejércitos armados se vayan de nuestra casa. Nosotros estamos en nuestra casa y no vamos a salir, los que se tienen que ir son los grupos y ejércitos armados legales e ilegales que vienen sembrando la muerte en nuestros territorios”, indicó la Acin en un comunicado oficial.

Con esta situación, el pueblo indígena del norte de Cauca pasó de las marchas y peticiones, a las acciones concretas. El pasado lunes, en medio de la conmemoración del ataque de las Farc hace un año, alrededor de 300 personas retiraron las trincheras que la Policía tenía instaladas en el casco urbano de Toribío.

Además, un numeroso grupo emprendió una marcha hacia las montañas para hacer lo mismo con los puestos de defensas y encuentro de las Farc, para exigirles que los dejen por fuera de su guerra y salgan de sus territorios. Este martes en la tarde se conoció que el grupo de indígenas destruyó un campamento guerrillero en la parte alta de Toribío y no pudo hablar con los jefes subversivos.

“No nos vamos a quedar de brazos cruzados mirando cómo nos matan y destruyen nuestros territorios, comunidades, planes de vida y nuestro proceso organizativo. Por esto, enraizados en la palabra, la razón, el respeto y la dignidad, iniciamos caminar en grupos hasta donde están atrincherados los grupos y ejércitos armados, para decirles frente a frente, que en el marco de la autonomía que nos asiste, les exigimos que se vayan, que no los queremos, que nos cansamos de la muerte, que están equivocados y que nos dejen vivir en paz“, es la nueva consigna del pueblo Nasa frente al conflicto.  

En entrevista con el diario El Tiempo, Feliciano Valencia, vocero de la Acin y del Consejo Regional Indígena de Cauca (Cric), dijo que se cansaron de la guerra, y aunque respetan al Gobierno y a la Constitución, no quieren la militarización en los territorios indígenas.

El pueblo indígena quiere que todos los actores armados salgan de la región y propone, según Valencia, que “sus comunidades, sus cabildos, sus alguaciles, que son nuestro gobierno en la región, ejerzan el control en el territorio apoyados en la guardia indígena. Tenemos 4.000 guardias indígenas. Eso sí, necesitamos garantías y reconocimiento para ellos”.

Una guerra ajena y de vieja data
Los ataques de los grupos ilegales a la población civil, al igual que los enfrentamientos con la Fuerza Pública en los que los civiles han quedado atrapados, no son recientes en el norte de Cauca. Desde hace años los habitantes de esa región del departamento se acostumbraron a vivir entre la presencia de los grupos armados, las balas, los explosivos y los señalamientos.

La lucha del Estado por arrebatarles un territorio histórico a las guerrillas, cuyas escarpadas montañas conectan con el Litoral Pacífico, y es utilizado por los subversivos como corredor de movilidad y de financiación con el narcotráfico, le ha generado constantes daños colaterales a los indígenas y demás personas al margen del conflicto.

Para liberar ese territorio la Fuerza Pública está implementando un Plan de Consolidación que ha significado el aumento considerable de la tropa en la región y la instalación de bases militares en sitios donde no existían.

A comienzos de marzo de este año, según registró en un artículo la revista Semana, “se incrementó la fuerza pública en 4.000 soldados, además, se trasladaron a Popayán las oficinas de la Tercera División del Ejército que antes despachaba en Cali, Valle. Y por si fuera poco, hay en operación una Brigada, dos batallones y fuerzas especiales como Apolo”.