El pueblo Nasa, atrapado en una guerra ajena

Desde el año pasado esta etnia indígena ha sido víctima del conflicto armado que ronda sus territorios y de una cruda ola de señalamientos por parte de todos los actores armados.

  
Las comunidades indígenas se han visto afectadas por la confrontación de los actores armados en el norte de Cauca. Foto tomada de nasaacin.org

A pesar de que su estilo de vida rechaza el conflicto armado y cualquier tipo de confrontación, las comunidades indígenas del norte de Cauca han tenido que vivir a diario con la zozobra y las consecuencias de una guerra que no es suya.

Los daños que les generan la confrontación entre los actores armados son grandes y en muchos casos invisibles ante el resto de la sociedad, pero son registrados y atendidos casi a diario por las autoridades de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin).

El pasado 12 de enero hombres desconocidos que se movilizaban en moto asesinaron a balazos a Milciades Trochez Conda, miembro de la Guardia Indígena y esposo de una autoridad tradicional del cabildo de Jambaló, en cercanías del corregimiento El Palo.

Desde hace más de diez años Trochez recibió amenazas de las milicias de las Farc, quienes en una ocasión lo abordaron en su casa, pero debido a la reacción de la comunidad fue "rescatado" con vida.

Los indígenas también han resultado heridos como consecuencia de los enfrentamientos entre los grupos armados y los restos explosivos que quedan por el campo tras los combates. A este problema se suma la siembra de minas antipersonal de los grupos ilegales.

En la mañana del 7 de febrero de este año, tres estudiantes menores de edad resultaron heridos por la explosión de un artefacto al interior del Instituto Técnico Agrícola Jambaló. Los menores, 10 y 15 años de edad, pertenecen al resguardo indígena de Jambaló.

En ocasiones los artefactos explosivos cerca a los sitios donde viven o transitan los indígenas del norte de Cauca también les ha arrebatado sus vidas. Uno de los hechos más recientes es el de Edward Ipia Quitumbo, quien en la mañana del 5 de febrero, con 15 años recién cumplidos, perdió su vida al resbalarse por un barranco y en la caída un artefacto que le voló sus piernas.

El menor iba de regreso a su casa, luego de dos días de pesca con varias personas en un sitio considerado como sagrado. Edward fue socorrido y llevado hasta su comunidad, en donde falleció desangrado. En esos hechos también resultaron heridos un hermano de la víctima y una de las personas que estuvo pescando.

Estos hechos son documentados por el Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos de la Acin, cuyos registros son alarmantes, teniendo en cuenta que como parte de la sociedad civil y como autoridad territorial, son las comunidades son un actor neutro que está al margen del conflicto, que se ha recrudecido en el norte de Cauca.

Cifras del Tejido de Defensa de la Vida muestran que en 2011 fueron asesinados 37 indígenas, 617 familias fueron desplazadas, 30 menores de edad resultaron heridos por varios tipos de armas explosivas, mientras que 825 viviendas fueron dañadas. Pero quizás, lo más grave es que 5.200 niños tuvieron que suspender temporalmente sus estudios por enfrentamientos armados en cercanías a sus casas o escuelas.

Un miembro del Tejido de Defensa de la Vida le dijo a VerdadAbierta.com que hay gran preocupación por parte de los comuneros porque la Acin ha volcado su capacidad organizativa para prevenir y atender todas las afectaciones del conflicto armado. “La guerra no es nuestra pero nos toca atenderla porque son nuestros los afectados. Se siente más en una organización indígena, cuando el mandato de las comunidades es desarrollar su plan de vida, pero en un plan de vida no puede haber un plan de muerte como es la guerra”, agregó.

Señalamientos por todo lado

Desde el año pasado se han intensificado las sindicaciones contra las comunidades indígenas del norte de Cauca, en las que son vinculadas de colaborar o simpatizar con alguna de las partes del conflicto.

Esos pronunciamientos han sido realizados por las Farc, difusos grupos de paramilitares, e incluso, mandos militares y funcionarios del Gobierno Nacional.

“La guerrilla señala que la organización indígena hace parte de la coalición de gobierno que está al frente del capitalismo. Incluso han señalado que hacemos parte de la política gubernamental antisubversiva”, le contó una fuente de la Acin a VerdadAbierta.com.

Esa fuente también agrega que hay señalamientos por parte de fuerza pública y de funcionarios del Estado que “tienden a tratar de involucrar a la organización indígena con un determinado actor armado o a tomar parte de alguno”.

Recientemente, un agente de inteligencia de la Policía declaró que los indígenas eran usados por la guerrilla para hacerles inteligencia y para frenar operativos en su contra. Incluso el nuevo ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, señaló en una ocasión que en Cauca “hay una integración entre comunidades indígenas y grupos guerrilleros, lo cual genera el problema de orden público”.

Pero quizás, uno de los señalamientos de mayor calibre fue el que el presidente Juan Manuel Santos realizó en julio del año pasado desde Corinto, luego de un ataque con carro-bomba a la estación de Policía, en el que dijo que “la Fuerza Pública va a destruir cualquier casa que sea utilizada por los terroristas” para atacar.

Al respecto, los indígenas señalan que no tienen la culpa de la presencia de la guerrilla cerca a sus viviendas, porque miembros de ese grupo armado llegan a ocuparlas o a instalar cambuches en sus alrededores, y podrían encontrar la muerte si se oponen, al ser tildados como aliados del Ejército.

En ocasiones esos señalamientos han tenido eco en el Bloque Capital de las Águilas Negras, grupo paramilitar o de Bacrim, que por medio de panfletos, llamadas telefónicas y mensajes de texto a celulares, ha amenazado a líderes indígenas por su supuesta cercanía con grupo insurgentes.

Un ejemplo de ello, es que el año pasado once líderes de diferentes autoridades indígenas fueron amenazados. Y el panorama de 2012 pinta más oscuro, porque en lo corrido del año, debido a amenazas constantes de la guerrilla, cuatro líderes debieron abandonar la zona para preservar sus vidas.

“Ese fue el último recurso que tomamos para salvarles la vida. Antes no habíamos tenido que recurrir a eso”, le contó un integrante del Tejido de Defensa de la Vida a VerdadAbierta.com.

Obligados a adaptarse para vivir en medio de la guerra
Los indígenas ven con preocupación la ocupación por parte de militares de zonas cercanas a sus resguardos, vías y cascos urbanos, porque “lamentablemente cualquier acción militar, implica respuestas militares de otros actores armados, y la confrontación afecta a la población civil”, le dijo a VerdadAbierta.com un indígena de la zona.

Sin embargo, a lo largo del tiempo los grupos guerrilleros han realizados numerosos ataques militares, que han tenido como respuesta el aumento de tropas de la Fuerza Pública dentro del territorio caucano.

A raíz de la presencia y la confrontación entre grupos armados en zonas cercanas a comunidades indígenas, sus autoridades han tenido que destinar parte de su personal y recursos en acciones de prevención, capacitación y acompañamiento del conflicto armado.

Una de las líneas de prevención que tiene la Acin es la de jóvenes, en la que trabaja para evitar que sus menores terminen empuñando las armas. “Se desarrollan acciones para que los jóvenes crezcan en el ámbito de comunidad e identidad cultural y no se vinculen a actores armados, para que propongan desde sus comunidades salidas negociadas al conflicto armado”, le contó a VerdadAbierta.com un integrante de la Acin.

También en el área de educación desarrollan actividades con niños por medio de la lúdica y la recreación, para “sacarlos de ese panorama que ven casi a diario de confrontación y sus consecuencias”, y aprendan a vivir de acuerdo a su edad y a sus costumbres.

Con organizaciones internacionales de derechos humanos también educan a la población sobre los riesgos de las minas antipersonal y material de guerra que pueden encontrar cerca a los resguardos indígenas, viviendas o sitios por los que transitan. A esas prácticas las denominan educación en comportamiento seguro.

“Aquí no sólo ha tocado prevenir, también nos toca atender y acompañar a las víctimas. Lamentablemente, pese a todas las acciones, se presentan desplazamientos, homicidios, amenazas y demás”, le contó a VerdadAbierta.com un miembro del Tejido de Defensa de la Vida.

Para atender a las víctimas del conflicto armado, la Acin cuenta con el Tejido de Justicia y Armonía que se encarga de brindarles acompañamiento jurídico, psicológico, capacitación y armonización. Y Tejido de Defensa de la Vida acompaña y orienta a las comunidades durante enfrentamientos armados y desplazamientos.

Pobreza, cuna de todos los males
Habitualmente se explica que la situación de conflicto en la que viven los habitantes de Cauca se debe a las condiciones geográficas del departamento que son ideales para que grupos armados delincan desde la clandestinidad y puedan desarrollar sus negocios de narcotráfico.

Pero detrás de ese trasfondo hay una situación de pobreza y de falta de acompañamiento estatal que hace que las personas, incluidos campesinos y sectores indígenas, participen en la siembra de cultivos de uso ilícito.

“Si las comunidades están abandonadas, se van a ir por ese lado. Ante la falta de oportunidades para desarrollo de economías productivas y programas que permitan desarrollar la democracia en totalidad, cualquier acción va a ser válida para algunas personas. La no presencia del Estado va a significar que comunidades vean otras opciones como el desarrollo de todas sus posibilidades”, le explicó a VerdadAbierta.com un miembro de la Aicn.

Además, esa fuente aclaró que muchas comunidades saben que el narcotráfico no es realmente la opción y desde su trabajo organizativo se impulsan acciones productivas en varias zonas para evitar que generen esos cultivos.

Por esa razón, trabajan en “procesos de aprovechamiento de bienes de vida que da la naturaleza”, pero también reconoce que algunas zonas muy aisladas se siembran cultivos ilícitos con intensidad, como el Naya, Corinto, Tacueyó, Toribío y otras zonas donde “no hay presencia institucional por parte del Estado y nuestra estructura como Acin no es tan fuerte”.

Por eso los indígenas piden que se busquen otras estrategias, diferentes a la militar, para frenar el conflicto armado. “Esa no es la que va a llevar a que cese el conflicto armado. Se necesita que otras instituciones del Estado lleguen a la comunidad”.

Y por esa razón les dicen a los actores del conflicto que “la conclusión es que la guerra no es una opción. La propuesta de paz de la Asociación de Cabildos dice que cuenten con nosotros para la paz, no para la guerra. Porque la guerra nos ha enseñado que sólo deja daños y muertes”.