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Cómo se tomaron los 'paras' La Guajira

Campesinos e indígenas de La Guajira fueron víctimas durante 10 años de masacres, desapariciones y desplazamientos, cometidos por los paramilitares.

 

Los paramilitares delinquieron en La Guajira para dominar el tráfico de drogas y de armas.
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Lea el especial multimedia: 'Las verdades del conflicto en La Guajira'

Con la llegada del paramilitarismo a La Guajira hacia finales de los 90, los pobladores de esta región del norte de Colombia, casi la mitad conformada por indígenas  de la etnia wayúu, vieron arrancar otro ciclo de violencia. Fue más cruel que aquel que en su momento trajo la bonanza marimbera. Y más violento que los conflictos de siempre entre contrabandistas.

Los ‘paras’ encontraron en el ancho desierto guajiro instituciones estatales débiles y una cultura que desde tiempos inmemoriales convivía con el contrabando, la corrupción, y en los últimos años, el tráfico de cocaína y de armas. Cada jefe tenía su propio ejército y de cuando en vez, cuando alguien se salía de un territorio, entraban en pugna.  

Con la mitad de su territorio casi despoblado, una larga costa sobre el mar, carretera hacia otros departamentos de la Costa Caribe y hacia Venezuela, La Guajira era además un lugar privilegiado para el comercio clandestino.

Los ‘paras’ tejieron alianzas con contrabandistas locales, algunas las consiguieron con facilidad y otras las impusieron a la fuerza. Se sintieron como pez en el agua con autoridades, por lo general, ciegas frente al tráfico ilegal, y mansas frente al poder ilegal dominante.

Los wayúu y otras comunidades orgullosas, sin embargo, intentaron resistir el violento dominio paramilitar. Para doblegarlos los hombres de Rodrigo Tovar, alias ‘Jorge 40’, a cargo de la ofensiva por la toma de ese departamento, cometieron 70 masacres, forzaron a la huída a miles de campesinos pobres, y dejaron tras de sí una estela de desolación y de historias silenciadas aún pendientes de escribirse.

Llegan los paras  
En mayo de 1997 y por instrucciones de los hermanos Castaño, los jefes paramilitares Salvatore Mancuso y ‘Jorge 40`, su segundo al mando de la Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), empezaron su estrategia de acercamiento con los ‘duros’ del narco y del contrabando en La Guajira. Así reza en los expedientes judiciales consultados por VerdadAbierta.com. Mancuso y ‘40’ intentaron reunirse primero con Santander Lopesierra, en Fonseca, sur de La Guajira. ‘Santa’ se había vuelto famoso en toda Colombia porque consiguió una curul en el Senado, a pesar de su fama de contrabandista, y en el escándalo de la narco-financiación de las campañas electorales de 1994, apareció como ‘el hombre de la Phillip Morris’ (en alusión al contrabando de cigarrillos) interesado en darle plata a la campaña de Ernesto Samper.

Pero, como lo contó en detalle ‘Jorge 40’ en la autobiografía que no terminó, nunca llegaron a la cita pues la policía los detuvo a la salida de Villanueva, y los llevó presos, junto con ocho hombres más, al municipio de Barrancas. Él y Mancuso pasaron una noche en la cárcel una noche en San Juan del Cesar.  Y luego – dijo ‘40’—que por gestiones de Danilo González con el director nacional de Policía, un oficial que se había volteado del lado del narcotráfico, y luego de pagar millonarios sobornos a los fiscales, fueron dejados en libertad. (ver: Las verdades y mentiras de 'Jorge 40').

Luego de este intento fallido, los ‘paras’ comenzaron a hacer sus primeras incursiones violentas al sur de Guajira, con la idea de ir conquistando territorio que sabían era estratégico para el contrabando y el narcotráfico, y a la vez golpear poblaciones en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, a donde se decía que las guerrillas llevaban los secuestrados del Cesar y Magdalena.

Según los testimonios recogidos en la región  por VerdadAbierta.com, en 1998 las Accu entraron a Urumita, Villanueva y San Juan del Cesar. El 8 de diciembre de 1998 hombres de ‘Jorge 40’ asesinaron a 12 personas en los barrios El Cafetal y San Luis del municipio de Villanueva. El comandante de la Segunda Brigada de ese entonces, general Gabriel Contreras dijo que  la “delincuencia organizada” había realizado la masacre y que “algunas de las víctimas presentaban antecedentes judiciales”.

En diarios regionales apareció la versión del frente 59 de las Farc: que los paramilitares habían cometido el crimen y, más grave aún que el grupo mecanizado de Caballería No. 2 Rondón de Buenavista, en ese entonces al mando del Coronel Zalatiel Solano Clavijo, había sido su cómplice. Hoy ya se sabe que la masacre fue responsabilidad de los ‘paras’, pero la justicia aún no se ha pronunciado sobre si la versión de que hubo complicidad militar tiene algún asidero.

Los ‘paras’ continuaron con su cadena de masacres, asesinatos selectivos y desapariciones desde Urumita hasta Distracción, a sabiendas, forzando a la gente a desplazarse y dejarles el terreno vacío listo para la conquista de nuevos corredores clandestinos.

En 2000 los ‘paras’ se establecieron descaradamente en esa zona, con una “base” en el corregimiento de Badillo, al norte Valledupar, en límites con Guajira. Desde allí salieron los jefes del cruel ‘40’, entre ellos, David Hernández, alias ‘039’ (después asesinado por sus compañeros),  Rodolfo Enrique Guevara, alias ‘101’ (preso) y Francisco Robles Mendoza, alias ‘Amaury’ o ‘6-11’, quien fue capturado hasta septiembre de 2010 cuando ya tenía encima 25 órdenes de captura y 12 condenas, entre ellas la de haber participado en la masacre de El Salado en Bolívar. Estos tres comandantes paramilitares habían sido miembros del Ejército Nacional, y todos fueron investigados y sancionados por diversas razones. Estos hombres desataron una ola de terror desde norte del Cesar hasta el norte de La Guajira.

Al tiempo se desató la guerra de Castaño contra Hernán Giraldo, ‘El Viejo’, un antioqueño que había montado su propia autodefensa en la Sierra Nevada de Santa Marta y controlaba desde allí la salida de la droga. Hombres de este último habían asesinado a un agente de la DEA y los Castaño sospechaban que no les jugaba limpio en las cuentas de la droga. Decenas murieron y los combates llegaron hasta las calles de Santa Marta a comienzos de 2002.  (ver: Documento) Finalmente ‘Jorge 40’ ganó la guerra, y con ella amplió su dominio de todos los tráficos ilegales que salían y llegaban por la costa magdalenense. Los ‘paras’ de Guajira estrenaron entonces nombre y de ahí en adelante se pusieron el eufemístico nombre de Frente Contrainsurgencia Wayúu (FCW). ‘Jorge 40’ le encargó la comandancia de este frente a Zuley Guerra Castro, conocido con el alias de ‘Ramiro’. Su “logro” fue convertir a Mingueo y a Dibulla en nuevos puertos clandestino de salida de la cocaína.

Alianzas con los ‘duros’
Los ‘paras’ no sólo usaron la violencia para entrar a dominar el tráfico de drogas y armas en La Guajira. Apelaron a la estrategia que tenían al comienzo, de contactar aliados que ya tuvieran los negocios montados. Así desde 2001, según dijeron a VerdadAbierta.com varias fuentes, los ‘paras’ consiguieron que jefes locales del contrabando les compartieran el poder y el negocio. Entre ellos, Mario Cotes, Luis Ángel González, Santander Lopesierra, “Kiko” Gómez Cerchar, Rafita Barros, el ‘Papa’ Bolívar, Víctor Ojeda, algunos integrantes de las familias Boscan, Mejía, Hernández y Valdeblanquez.

‘Jorge 40’ envió a alias ‘El doctor’ a Maicao a sellar una alianza con Mario Cotes. Después, cuando ya se había erigido como el único poder de la zona hacia mediados de 2002, los mandó matar a ambos. Con la proa ‘para’ metida en Maicao, la mata del contrabando guajiro, empezaron las peleas entre los diferentes clanes que tradicionalmente manejaban los negocios ilegales. Hubo peleas entre los Boscan y los González; entre éstos últimos y los Mejía; y de éstos contra  la ‘Banda de los Agüaitos’.

Bien parado en Maicao, el Frente Contrainsurgente Wayúu avanzó a la alta Guajira, con la aspiración de hacerse al control de Bahía Portete, puerto de gran calado de la península, y desde donde históricamente han llegado el contrabando y las armas, y habían salido las drogas que han alimentado buena parte de los grupos armados y ejércitos privados de la región. Esa ambición es la que estuvo detrás de la pavorosa masacre que se conoce con el nombre de esa bella bahía en abril de 2004.

La masacre los dejó dueños de la alta Guajira a donde crearon el grupo de ‘Los escorpiones’ al mando de alias ‘Pablo’. Los otros ‘paras’ de la región se pusieron nombres igualmente intimidantes, ‘los Buitres’ que se movían en el corredor que comunica a Carraipía (Maicao) y Venezuela, ‘Los Centauros’, ‘Los Halcones’ y ‘Las Águilas’.

Un final a medias
En marzo de 2006, 4.760 hombres del Bloque Norte de las Auc se desmovilizaron en El Copey y La Mesa en el Cesar. Sin embargo, buena parte del FCW no dejó las armas; alias ‘Pablo’ mantuvo su grupo armado por muchos años, sus negocios de narcotráfico siguieron tan campantes.  En noviembre de 2010, finalmente fue capturado ‘Pablo’, cuyo nombre real era Arnulfo Sánchez González. Falta ver si los negocios ilegales que manejaba se desmontan también.