Vladimir se confiesa

Alonso de Jesús Baquero, el autor de las peores masacres en los años 80, habla con SEMANA.


El Negro Vladimir fue uno de los peores asesinos del Magdalena Medio. Foto Semana.
Este hombre robusto, de piel oscura, de pocas palabras y de mirada penetrante fue uno de los protagonistas de primera línea de la tenebrosa época del paramilitarismo en Colombia. Se trata de Alonso de Jesús Baquero, conocido en el mundo de la guerra como 'Vladimir'. En sus años de adolescente militó en las Farc y desertó cuando sus comandantes le exigieron entregar su niña de cinco años a la organización. Entonces saltó a la otra orilla: se convirtió en paramilitar y en poco tiempo logró ser el hombre de confianza del legendario Henry Pérez, comandante de las autodefensas del Magdalena Medio. Fue uno de los mejores alumnos del mercenario Yair Klein. En escasos dos años, entre 1987 y 1989, ejecutó a sangre fría a más de 100 personas. Fue el autor material de las masacres de La Rochela, Segovia, Puerto Araújo _de 19 comerciantes_ y otras más. Hace ocho años está tras las rejas purgando una condena de 30 años por estos atroces delitos. En octubre del año pasado 'Vladimir' volvió a ser noticia cuando la Fiscalía detuvo a Farouk Yanine Díaz, uno de los más importantes generales del Ejército, bajo el cargo de haber participado en la masacre de los comerciantes. La acusación estaba basada en el testimonio entregado por 'Vladimir', quien decidió colaborar con la justicia. Pero hace dos semanas un juez militar exoneró a Yanine y dejó sin piso las afirmaciones del testigo de la Fiscalía. Después de mucho tiempo ''Vladimir' rompió su silencio y habló con SEMANA.

Semana: Usted se hizo famoso por haber integrado el selecto grupo de alumnos de los mercenarios israelitas que adiestraron a las autodefensas del Magdalena Medio en 1988. Siempre se ha dicho que usted era el mejor discípulo de Yair Klein...
Vladimir: No, no fui el mejor. Antes de mí hubo dos muchachos, 'Ponzoña' y 'Henry', que me ganaron en polígono con mira telescópica. En lo demás sí me fue bien. Yair Klein siempre me consideró un alumno aventajado. Como yo fui guerrillero muchas cosas ya las sabía. Ellos nos enseñaron la táctica inglesa y alemana, que consistía en que al enemigo había que exterminarlo de raíz. Nos dijeron que un guerrillero o un auxiliador de la guerrilla, ubicado en un sitio clave, nos podía hacer mucho daño. Entonces salimos como locos a perseguir a los colaboradores y al brazo armado de las Farc. Y les dimos muy duro. Al que detectábamos le dábamos. Fue apasionante ser alumno de Yair Klein.

Semana: ¿Por eso usted se convirtió en jefe paramilitar en esa zona?
V.: Sí. Estar entre los elegidos era lo máximo dentro de la organización. A los de ese curso nos dio mucho estatus porque siempre que había asaltos o golpes de mano a la guerrilla éramos los primeros convocados. Así ocurrió cuando se diseñó el plan para atacar la Uribe, el corazón de las Farc. Nos concentramos en la escuela "El 50", en una inspección de Puerto Boyacá llamada Larisá. El curso terminó en abril y a 60 hombres nos iban a llevar para acabar con el secretariado. Sin embargo la operación se filtró y Jacobo Arenas sacó un comunicado denunciando lo que las autodefensas iban a hacer.

Semana:
¿Es cierto que los jefes del cartel de Medellín trajeron a los israelitas?
V.: En esa época nosotros ya escoltábamos a Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez cuando venían a sus fincas en el Magdalena Medio. En uno de esos recorridos yo los conocí. Ellos financiaron a las autodefensas porque sabían que tendrían nuestra protección cuando los persiguieran. Sin embargo llegó un momento en que Henry Pérez, nuestro jefe, les dijo que no iba a permitir que las autodefensas se metieran en la guerra contra el Estado porque su intención era acabar con la guerrilla y defender las tierras de los ganaderos. Por esa razón Escobar y el 'Mexicano' lo declararon su enemigo y finalmente ordenaron su muerte.

Semana: Usted ha reconocido su participación en seis masacres en las que murieron más de 100 personas. Todas fueron atroces, pero la de funcionarios judiciales, conocida como la masacre de la Rochela, en 1989, fue una de las peores. ¿Por qué lo hicieron?
V.: El político de Santander Tiberio Villarreal nos hizo saber que varios jueces iban para la zona de El Centro y Campo Capote, cerca a Barrancabermeja, y sugirió que para saber en qué andaban los asaltáramos para robarles los expedientes. Henry Pérez creyó que de pronto iban a descubrir algunos laboratorios pequeños que había en la zona y que nosotros cuidábamos y decidió consultarle a Gonzalo Rodríguez. El 'Mexicano' nos dio la orden de matarlos a todos y dejarlos en la autopista "para que los demás no vuelvan". Ese trabajo me lo encargaron a mí. Me dieron la orden de matarlos, no importaba cómo. Les dimos una plata a los policías de El Centro para que no escoltaran a los jueces. Luego se me ocurrió la idea de hacernos pasar como guerrilleros del frente 23 de las Farc. Cuando los interceptamos yo me identifiqué como el comandante 'Vladimir'. Yo di la orden de dispararles, dinamitar los carros y escribir en los restos "fuera masetos" para hacer creer que había sido un ataque de la guerrilla. Sin embargo la persona encargada de volar los carros no lo hizo y por eso nos descubrieron. Ese mismo día supimos que hubo tres sobrevivientes.

Semana:
¿Qué pasó con esos sobrevivientes?
V.: Uno de ellos murió en urgencias en Barranca, al otro lo remataron unos compañeros en Bogotá por orden de Pérez y el otro logró salvarse. Después de la masacre me quedé unos días con el expediente; lo leí, pero observé que la comisión judicial solo tenía planeado indagar por algunas muertes en la zona, pero no más.

Semana: Otra masacre, por la que usted vuelve a estar en el ojo del huracán, fue la de 19 comerciantes asesinados en 1987 cuando viajaban a Medellín. En esta investigación fueron vinculados varios militares, entre ellos el general Farouk Yanine, quien recobró su libertad hace unos días. Usted fue uno de los testigos que señaló al alto oficial, pero él demostró que a usted ni siquiera lo conoció.
V.: El está diciendo mentiras porque sí nos conocimos personalmente. A él lo vi por primera vez en Bogotá en el Batallón de Artillería. Ese día yo les estaba dando una conferencia a unos subtenientes que hacían curso para tenientes efectivos. A mí me llevó el coronel Dionisio Vergara. En la charla les dije que el Ejército estaba equivocado en la forma como se desplazaba en las zonas campesinas y que por eso era que caía tan fácilmente en las emboscadas. Después de eso volví a ver al general Yanine en la escuela 01 cerca de Puerto Boyacá. El fue personalmente con el coronel Dávila, comandante del Batallón Bárbula, y un sargento de apellido Campaz. De esa reunión con las autodefensas salió la instrucción de que debíamos pasar de la defensiva a la ofensiva. El mismo general Yanine llevó la iniciativa con el argumento de que nosotros debíamos hacer lo que el Ejército no podía hacer.

Semana: Pero el general Yanine demostró con documentos y con el testimonio de más de 1.500 personas que estaba en Bogotá cuando ocurrieron esos hechos.
V.: Para nadie es un secreto que para un general o para cualquier miembro del Ejército es muy fácil desplazarse. Estando él en Bogotá como director de la Escuela Militar no sólo fue a la escuela 01 sino que también fue a la vereda Vuelta Acuña para inaugurar un grupo de autodefensa. En esa época él no estaba en la zona, él trabajaba en Bogotá.

Semana: ¿Cómo puede probar que eso es cierto?
V.: Cuando fue a la escuela 01 _una escuel de entrenamiento donde a los campesinos les dábamos cursos de dos o tres meses en manejo de armas, desplazamientos después de hostigamientos y aseguramiento de viviendas_, Yanine llegó en helicóptero al Bárbula y de ahí se fue en el carro del comandante hasta donde estábamos nosotros. A Vuelta Acuña llegó en un helicóptero del Ejército.

Semana:
¿En qué otras circunstancias usted se relacionó con el general?
V.: Antes de hablar con él en la Escuela de Artillería y de encontrármelo en la escuela 01 y en Vuelta Acuña lo vi en la base de Tolemaida, en Melgar. Yo estaba dictando unas conferencias a unos capitanes que ascendían a mayores. A esa charla asistieron un capitán americano de apellido Loncoria y otro oficial, ese sí colombiano, de apellido Frattini.

Semana: Pero Yanine demostró claramente que, por el contrario, él lo persiguió y dio órdenes para que lo capturaran...
V.: Esa es otra mentira de él. Estando yo en Tolemaida, en un sitio conocido como El Mango, a la entrada de la base, llegaron el general Yanine, el coronel Vergara, que era instructor allí, y el general Manuel Murillo. Me dijeron que no me podían tener más trabajando en el Ejército porque había muchas denuncias contra mí por ser integrante de "los masetos". Me dijeron que lo mejor era que me fuera para Puerto Boyacá a trabajar con Henry Pérez, no como un patrullero de las autodefensas sino como instructor. Les hice caso y por eso llegué poco después a la escuela 01, donde nos visitó Yanine.

Semana: Sin precisar detalles, usted dijo que el general llamó a Pérez para coordinar lo de los comerciantes...
V.: Lo de esa llamada es cierto. Yo le dije a la Fiscalía dónde había una caleta con varios casetes y documentos que Henry Pérez guardaba como evidencia para defenderse si el Ejército se le volteaba. No sé si la Fiscalía halló la caleta. Cuando era comandante en Bucaramanga Yanine estuvo encima del asunto de los comerciantes porque sabía que eran auxiliadores de la guerrilla. Escuché la grabación en la que Yanine le decía a Pérez que era inconcebible que no hiciéramos nada si nos estaban pasando las armas por las narices para llevárselas a la guerrilla. Yo escuché ese casete porque a veces Henry nos decía: "Mire lo que tengo aquí de este general o de este político. Vengan lo escuchamos".

Semana:
Sí, pero es difícil creerle a un casete que no aparece...
V.: Ese casete existe, o existió... varios militares iniciaron la estrategia para matar a los 19 comerciantes. Es más, el plan se demoró demasiado porque si no en ese momento hubieran muerto unos 40 comerciantes. El procedimiento para eliminarlos fue coordinado con varios miembros del Ejército. A un teniente de apellido Salinas, del B-2 del Batallón Calibío, le ordenaron investigar a quienes contrabandeaban electrodomésticos y camuflaban armas para la guerrilla. Esto ocurrió cuando a Yanine le quedaban pocos días en la II División. Cuando llegó la época de matar a los comerciantes él ya estaba en Bogotá pero siempre estuvo al tanto de todo. Lo que pasó después está contado en detalle en el expediente, es decir, cuando secuestramos a los comerciantes en su viaje a Medellín y la forma como los descuartizamos y los lanzamos al río. Por eso nunca aparecieron los cadáveres. Yo me declaré culpable de esa masacre porque yo la dirigí.

Semana: Queda de todas maneras la sensación de que usted no es lo suficientemente preciso.
V.: No, yo he dicho toda la verdad. De pronto en lo que dije habrá fechas y nombres equivocados porque tengo mala memoria, pero no para los apellidos. Mire, yo no quiero que digan que ahora estoy persiguiendo al general Yanine porque él es muy poderoso y en el Ejército él es un ídolo. Lo que no me gusta es que ahora ellos nieguen todo después de que muchos nos arriesgamos por ganar una guerra.

Semana: Sí, pero eso es muy grave porque errar en ese aspecto puede echar abajo toda una investigación...
V.: Es cierto. Pero en todo mi relato, aparte de unas fechas, no hay inexactitudes. Muchas cosas que yo le conté a la Fiscalía ya fueron verificadas.
Semana: ¿Por qué sólo después de haber sido condenado a 30 años de cárcel por La Rochela es que usted se decide a colaborar con la Fiscalía?
V.: Cuando la Fiscalía me acorraló con una gran cantidad de procesos, como el de los 19 comerciantes, la masacre de Segovia, lo de los mercenarios de Yair Klein, y otros, tomé la decisión de negociar. Durante muchos días estuvimos en un tira y afloje para que me dieran beneficios. Yo les dije que yo era un libro cerrado y que si lo abrían iban a descubrir con detalles las barbaridades que habían hecho los paramilitares en este país. Yo les dije que si no confirmaban lo que les decía me dieran más años de cárcel por mentiroso.

Semana: Usted confesó bajo el nombre clave de 'Pablo' y después como 'Vladimir'. ¿Por qué hizo eso... acaso para reforzar un testimonio débil?
V.: Eso es falso. Cuando empecé a colaborar con la Fiscalía llegamos al acuerdo de que debían protegerme y por eso mis primeras indagatorias fueron con la clave de 'Pablo'. Pero las cosas se complicaron porque en esos días en el Congreso cursaba un proyecto de ley acabando con la justicia sin rostro y los testigos secretos. Concluimos que si eso ocurría me podía quedar sin beneficios. Esa discusión la dimos con dos fiscales aquí en Palmira y yo les dije que continuaba mi colaboración con mi nombre verdadero, que yo me arriesgaba. Ellos regresaron a Bogotá a consultas y después me dijeron que no había problema en cambiar la identidad del testigo. Así empecé a llamarme 'Vladimir' en el expediente.

Semana: ¿A usted lo buscaron de la justicia penal militar para que declarara en la investigación contra Yanine?
V.: No. Vino una mayor del Ejército para preguntarme algo del sargento Hernández y la participación de él en la muerte de los comerciantes. El abogado del sargento me dijo delante de la mayor: "Usted nos mató con esa declaración". En esa diligencia no se mencionó para nada al general Yanine.

Semana: Por la masacre de los comerciantes un juez de Cúcuta condenó a cuatro personas. ¿Usted las conoció?
V.: Sí, claro. Ellos eran tan culpables como yo porque estuvieron en la captura y en la ejecución. Lo que no entiendo es cómo esas personas, con pruebas aportadas por mí, salieron condenadas y los militares no.

Semana: ¿Usted es consciente de que el país lo considera poco menos que un matón sin alma?
V.: Hoy día, mirando la guerra desde estos muros, he sacado la conclusión de que hacía el papel de una fiera amaestrada que seleccionaba su víctima antes de cazarla. Eso es lo que hoy le ocurre a toda esa gente que está metida en el cuento de la guerra. Cuando uno tiene un padrino, en este caso el Ejército, no mide las consecuencias. Eso fue lo que me pasó. Por tener padrino nos sentimos fuertes y no nos dio miedo hacer las embarradas que hicimos.

Semana: ¿Volvería a matar?
V.: Que yo seleccione a mi víctima, por mi propia cuenta, no, no como antes. De pronto si ocurre un accidente, una cosa fortuita, uno no sabe. Pero lo que sí quiero decir es que a los afectados de la guerra, a las familias de la gente que yo maté, ya no les puedo pedir perdón porque no me lo van a conceder. Pero sí que me disculpen por todo lo vivido, que fue una pesadilla, y que todos ellos rueguen por sus muertos y desaparecidos.

Publicado en semana.com 11/08/97