Cuando Mancuso y sus ‘paras’ eran pobres

Hernando De Jesús Fontalvo, alias el ‘Pájaro’, escolta de Mancuso y 'Jorge 40', quien está detenido, cuenta detalles de cómo fueron los primeros días del Bloque Norte, cuando eran pocos y penaban para conseguir un fusil, y cómo fue ese 4 mayo de 1997, cuando sus jefes pasaron la noche en una cárcel en San Juan del Cesar.

 
Hernando De Jesús Fontalvo Sánchez, alias ‘El Pájaro’, escolta de Mancuso.

Hernando De Jesús Fontalvo Sánchez, alias ‘El Pájaro’, estuvo desde el principio en el grupo paramilitar que creó Salvatore Mancuso Gómez en Tierralta, Córdoba, a principios de 1991. Fue reclutado Por Edwin Tirado, alias ‘El Chuzo’ en 1992. Ambos fueron soldados del Batallón Coyará, adscrito a la Brigada 11 en Córdoba. Ambos fueron punteros de la expansión del terror paramilitar: a ‘El Chuzo’ le encomendaron que ‘abriera zona’ en Los Montes de Maria y a El Pájaro lo enviaron al Cesar con los primeros 25 hombres armados que llegaron en 1996 para ‘acabar con la guerrilla’. Fontalvo está preso desde 1997.

El día que lo detuvieron, el 4 de mayo de 1997, acompañaba a Salvatore Mancuso y a Rodrigo Tovar, quienes iban para La Guajira a comprar armas y a reunirse con Santa Lópezsierra, conocido como el ‘Hombre Marlboro’, porque era un gran contrabandista en Maicao. Querían hablar con él sobre la conformación de un grupo armado en ese departamento. Pero cuando llegaron a Villanueva, se detuvieron porque había unas personas protestando y uno de ellos estaba distribuyendo folletos. Rodrigo Tovar, que todavía no era un paramilitar activo, y era conocido como ‘El papa’, dijo que cogieran al revoltoso, pero cuando ‘El Pájaro’ se bajó con un fusil R9 y se identificó como de la Sijin, el hombre salió corriendo. Uno de sus compañeros ‘paras’ hizo varios tiros al aire y dos personas que no tenían nada que ver con la manifestación, murieron.

Los ex jefes paramilitares y sus acompañantes, que iban en dos vehículos, salieron huyendo al ver que eran perseguidos por una patrulla de la policía, pero más adelante, en Barrancas, los estaban esperando en un retén. Los detuvieron y trasladaron hasta San Juan del Cesar (Guajira), donde pasaron la noche mientras se aclaraban los hechos. A la mañana siguiente, después de sobornar al fiscal y de mover cielo y tierra, Mancuso y Tovar quedaron en libertad junto con Santiago Tobón y otros acompañantes, pero el fiscal que los dejó en libertad dijo que debían quedarse dos de los involucrados. Mancuso le dijo a ‘El Pájaro’, que por su lealtad, se quedaría en compañía de Oviedo, otro de los escoltas. Desde entonces, hace 13 años, Hernando de Jesús Fontalvo Sánchez, está preso. Actualmente se encuentra rindiendo versión como uno de los desmovilizados del Bloque Córdoba y está detenido en la cárcel Las Mercedes de Montería, donde habló con VerdadAbierta.com.

Fontalvo Sánchez entró a prestar el servicio militar en 1988 en el batallón Cartagena en La Guajira, luego fue trasladado a Urabá y después al batallón Cacique Coyará, Brigada 11 en Córdoba, de donde salió en 1992. Fue reclutado para las autodefensas por Edwin Tirado, alias ‘El Chuzo’, quien había sido del mismo batallón, y ya estaba en las Auc, y solía acompañar a Mancuso a sus visitas a la Brigada.

‘El Pájaro’ conoció a Mancuso antes de retirarse del Ejército. Afirma que hicieron un operativo conjunto en un pueblo que se llama Corea, entre  Montería y Tierralta, donde dieron de baja a tres presuntos militantes del Epl. En una ocasión, después de un operativo en San Marcos, Sucre, ‘El Pájaro’ se regresó al batallón y estando allá, llegaron ‘El Chuzo’ y Mancuso, a quienes les dijo que estaba aburrido. Estos le dijeron que en La Capilla, finca donde tenía montado un campamento Mancuso, había trabajo, que si se quería ir para allá y él se fue. En La Capilla estaban ‘Memín’,’ El Pelúo’, ‘El Pisco’, ‘El Mulo’, ‘Cumbele’; después llegaron ‘Boca e Lobo’, ‘El Cable’, ‘El Pipón’, entre otra docena. “Nosotros hacíamos presencia contra la guerrilla, patrullábamos en caballo toda la zona de Ralito, El Caramelo. Estábamos mal de armamento, pero el ejército nos prestaba fusiles AK y R15’”, dijo a VerdadAbierta.com.

En esa época, dice ‘El Pájaro’, Mancuso estaba solo, y los Castaño estaban al otro lado del río. El grupo de Tierralta, es decir el de Mancuso, tenía pocas armas, y fue cuando comenzaron a pedir a los ganaderos para comprar fusiles. El intento de secuestro del ganadero, Hernán Palacio, quien se dio cuenta antes de llegar a su finca que lo estaban esperando, daría un vuelco al grupo. Palacio se devolvió y se fue enseguida para La Capilla, donde él sabía que estaba Mancuso con su grupo y salieron a enfrentar a los guerrilleros. Mataron a cuatro hombres del Epl. “Ahí –dice Fontalvo— recuperamos cuatro fusiles y, después de eso, los hermanos Castaño mandaron a llamar Mancuso para darle más apoyo. Mancuso nos pagaba un sueldo y nos quedaba debiendo dos, él andaba en un Nissan amarillo viejo. El grupo se sostenía con lo que daban los ganaderos y a veces no daban. Era un grupo pobre. En el 93 – 94 se une con los Castaño y comienzan a apoyarlo”.

Los primeros pueblos libres de guerrilla en Córdoba, según ‘El Pájaro’ fueron Ralito, Palmira y el mismo Tierralta, la cabecera municipal. “Nosotros, cuando ya el grupo se organizó bien, entrábamos grupos de 80 hombres y les dábamos duro. Todos los que estuvimos en el grupo de Mancuso habíamos sido militares. El batallón Cacique Coyará era la reserva del grupo. La gente lo veía a uno en camionetas y pensaban que uno estaba bacaneado, pero qué va, también nos tocaba tirar mochila. Y era distinto, en el ejército no le decían a uno vaya a sicarear a fulano. Mientras que en las Auc a uno lo probaban mandando a sicarear a una persona. El que diga que no se asusta cuando fue a matar a una persona está mintiendo, eso es un susto grande. A uno le da temor, uno no sabe cómo va reaccionar la víctima”.

Cuatro años después de haber ingresado al grupo paramilitar de Salvatore Mancuso, Hernando De Jesús Fontalvo fue enviado al Cesar, pues con su experiencia podía ayudar a la creación y consolidación de un grupo armado en ese departamento.

V.A.: ¿Por qué Mancuso fue al Cesar?
Hernando Fontalvo, alias ‘El Pájaro’: La fecha exacta no la sé, pero sí fue de junio a julio de 1996, cuando llegamos a Valledupar. Yo recuerdo que uno de los que trajo la idea de incursionar en el Cesar, fue Jorge Gnecco. Él vino a Montería hablar con Mancuso. Hugues Rodríguez también patrocinó la creación de ese grupo, así como otros Gnecco y los Castro. Íbamos con un médico de apellido Lacouture de acá de Barranquilla, y siempre con Jorge Gnecco, que fue uno de los líderes de esa invasión que se hizo en Valledeupar con las autodefensas. Fue uno de los colaboradores máximos de las AUC en el Cesar. Estuvimos en una finca en Monterrubio que se conoce como ‘La Reforestadora’. La idea nació por el atropello del que eran víctimas los ganaderos del Cesar por la guerrilla.

V.A.: ¿Fue testigo de esa reunión entre Jorge Gnecco y Mancuso?
H.F.: Gnecco llegó a Montería y después nos fuimos para La Capilla. Llegó con sus escoltas, iba en una Dodge Ram blindada que él le pasó después a
Mancuso. Nosotros anduvimos un tiempo en ese carro, en Córdoba y en Valledupar.

V.A.: ¿Qué buscaba Mancuso en Cesar?   
H.F.: La orden era limpiar al Cesar de toda la guerrilla que hubiera. Por eso fue que se hicieron tantas masacres en poquitos meses.

 

V.A.: ¿Cuántos hombres llegaron con Mancuso al Cesar?
H.F.:
Primero llegó un grupo de 25 muchachos.

V.A.: ¿A quiénes recuerdas que llegaron con ese grupo?
H.F.:
De comandante iba ‘Baltazar’, ‘El Negro Medina’, ‘El Rolo’, ‘Guineo’, Jimmy. Toda la gente venía de Urabá y habían recibido entrenamiento en la 35. Estaban también ‘El Flaco’, que había sido de la guerrilla, era guía, también lo conocíamos como ‘Arturo’. y Giovanni, que fue del Epl. Él venía de Urabá a manejar ese grupo porque había un desorden muy verraco.

V.A.: ¿Qué pasó con ellos?
H.F.:
Ese guerrillero nosotros lo cogimos en Valledeupar, él andaba en una Toyota, en una moto y en una bicicleta, pertenecía al Frente 6 de Diciembre. Nosotros lo capturamos, lo llevamos a la casa, hablamos con él y nos dio muchos positivos de la guerrilla.

V.A.: ¿Fue colaborador?
H.F.:
Nos entregó información de la guerrilla, pero después lo mataron cuando andaba con el grupo de Baltazar y había estado preso.

V.A.: ¿Recuerda un operativo en Bosconia para rescatar a un miembro de la familia Botero?
H.F.:
Hubo un operativo, pero eso fue por los lados de Chivolo. La guerrilla había secuestrado a uno de los Botero y nosotros se lo quitamos. Eso fue por los lados del tren.

V.A.: ¿Qué frente lo había secuestrado y en qué fecha?
H.F.:
El Domingo Laín. Creo que fue en diciembre de 1996. Hubo cuatro guerrilleros muertos.

V.A.: ¿Dónde estaban los guerrilleros con los secuestrados, dónde los tenían?
H.F.:
Ellos estaban en una casita al lado de una quebrada.

V.A.: ¿Ustedes por qué sabían que lo tenía la guerrilla?
H.F.:
Nosotros no sabíamos y los guerrilleros no sabían a quién habían secuestrado. Ellos salieron al pueblito, hicieron el retén y se llevaron a los primeros que pasaron. Pero nosotros enseguida montamos un operativo con el señor Mancuso y llegamos a Chivolo, conseguimos 25 caballos y arrancamos para La Estrella, siguiendo el rastro de los secuestradores.

V.A.: ¿Cuántos guerrilleros tenían secuestrados al señor Botero?
H.F.:
El secuestro fue entre El Difícil y La Estrella y eran como quince guerrilleros.

V.A.: ¿Cuántas personas rescataron de ese grupo?
H.F.:
Dos de la familia Botero.

V.A.: ¿Y ustedes estaban en El Copey cuando ocurrió el secuestro?
H.F.:
Nosotros estábamos en El Difícil.

V.A.: ¿Qué recuerdas del secuestro de Leonor Palmera?
H.F.:
A la hermana de ‘Simón Trinidad… En ese secuestro participaron ‘Baltazar’ y ‘El Negro Medina’.

V.A.: ¿Quién lo ordenó y cuánto tiempo estuvo secuestrada?
H.F.:
El mismo Carlos Castaño. Estuvo más o menos dos meses en una finca en Urabá.

V.A.: ¿Recuerda alguna reunión en el Hotel Sicarare en la que hayan estado presente ‘Jorge 40’ y Mancuso?
H.F.:
Nosotros nos quedábamos en ese hotel. Cuando llegamos a Valledeupar, nos quedamos en el Sicarare. Allá iban los ganaderos a hablar con Mancuso.

V.A.: ¿Qué ganaderos recuerda que iban a hablar con Mancuso en el Sicarare?
H.F.:
Los Genecco, los Lacouture y ganaderos reconocidos en Valledeupar. Hasta una vez la difunta ‘Cacica’ se reunió con Mancuso en la finca de José Matos.

V.A.: ¿Sólo con Mancuso?
H.F.:
Y con ‘Jorge 40’, que en esa época lo conocíamos como ‘El papa’ Tovar.

V.A.: ¿Recuerda si hacían reuniones periódicas con los ganaderos?
H.F.:
Había muchos ganaderos que llamaban a Mancuso al celular y le comentaban cosas. Cuando él iba a Valledeupar iba la casa de los Gnecco. También teníamos una casa en el barrio Novalito y allá iban los ganaderos y Federico Sáenz, un ganadero amigo de Mancuso.

V.A.: ¿Qué fincas les prestaban?
H.F.:
Nosotros llegábamos y nos metíamos a las fincas sin pedir permiso. Nos prestaban la de un señor Matos. Nos metíamos en otra finca, El Potosí, de un señor Alfonso Macías, uno de los dueños de Palmeras de la Costa.

V.A.: ¿Entonces, decía al principio que llegaron 25 hombres bajo las órdenes de alias ‘Baltazar’ y de ahí de El Copey salían  a incursionar hacía dónde?
H.F.:
Entrábamos  a los pueblos del Magdalena: Monterrubio, Chivolo y Algarrobo. De Algarrobo nos metíamos a Palmeras de la Costa y de ahí salíamos a El Copey y por ahí mismo regresábamos a Algarrobo.

V.A.: ¿Por lo que ha dicho en las audiencias, se formaron varios grupos: el de ‘El negro Medina entre otros?
H.F.:
Después llegaron 12 muchachos más, que fue cuando llegaron el difunto ‘Pecherón’, ‘Mario’ y ‘El Tigre’, que es el mismo Jhon Jairo Esquivel Cuadrado.

V.A.: ¿Y ese grupo dónde se estableció?
H.F.:
Nos fuimos para la finca de Matos y en esa finca se le hizo un reentrenamiento a esa gente, ahí en la finca.

V.A.: ¿Cómo se llama la finca?
H.F.:
Esa finca está cerca de Bosconia. Ahí se hizo un reentrenamiento de quince días antes de hacer la incursión a Codazzi.

V.A.: ¿Por qué entraron en Codazzi?
H.F.:
Ahí operaba el Bloque Caribe, el Frente 41 de las Farc.

V.A.: ¿Quién más les colaboró?
H.F.:
También hubo mucha colaboración del Estado, de la fuerza pública. Batallón la Popa, la Sijin de Valledeupar. En el Cesar hubo mucho ganadero, pero el que se reunía con esa gente era Santiago Tobón, era el que recogía las finanzas en ese tiempo.

V.A.: ¿A quienes recuerda que se hayan reunido con ‘Jorge 40’ y Mancuso para apoyar las acciones del grupo?
H.F.:
Una vez nos reunimos en la casa de Nelson Gnecco. Llegaron muchos ganaderos a esa reunión. Ahí vi a Nelson Gnecco, a Lucas Gnecco, a Pepe Castro, a uno que le dicen ‘El Mocho’. También estuvo el que fue alcalde de Valledeupar, ‘Nando’ Molina.

V.A.:Y un ganadero que se reunió con ustedes en Gálapa cuando tenían secuestrado al comandante ‘Augusto’ del Frente 6 de Diciembre del Eln…
H.F.:
Ese fue Hugues Rodríguez y lo acompañó su hermano menor, estaban preguntando por una hermana que les habían secuestrado, pagaron el secuestro y no les entregaron ni el cuerpo.

V.A.: ¿En cuáles masacres participó?
H.F.:
En la primera del Copey; en la de Monterrubio, donde se nos entregaron siete guerrilleros armados. Pero uno en Justicia y Paz no los puede llamar así por respeto a las víctimas. Nosotros entramos a Monterrubio con brazalete del bloque 41 de las Farc. Cuando llegamos a un campamento en una finca, los que estaban ahí se identificaron como milicianos y estaban borrachos. Estaban vestidos de civil y las armas las tenían guardadas en un billar.

V.A.: ¿Y entraron con brazaletes de sus enemigos?
H.F.:
Cuando uno iba a entrar a un pueblo de guerrilleros, se hacía pasar por guerrilla y ellos hacían lo mismo donde las autodefensas tenían más presencia. Como ‘Baltazar’ fue miembro del Epl, tenía mucha experiencia con los grupos armados y comenzó a hablarles de camarada y los manes se dieron cuenta que era un comandante y le entregaron las armas. Tenían revólver, pistolas, granadas. Esa gente se mató toda, eran siete. Eso fue en 1996.

V.A.: ¿Esa fue de las primeras acciones en el Cesar?
H.F.:
Por ahí andaba un grupo que se llamaba el Domingo Laíno, a ellos les dimos muy duro. Eran muy desordenados, cada rato peleábamos con ellos.

V.A.: ¿En qué otra masacre participó?
H.F.:
La de Codazzi, Cesar. Esa se planeó en la finca de un señor Mattos, que está de Bosconia yendo para El Difícil.

V.A.: ¿Quién la planeó?
H.F.:
A esa finca trajeron a un informante, a un sapo. Ese informante lo trajo alias ‘Jota’ y a ese informante le decíamos ‘Jotajota’. No sé si era del Eln o de las Farc. Con nosotros estaba Lino Arias, Mancuso, ‘El papa’ Tovar y Mattos.

V.A.: ¿Qué discutieron ahí, qué decidieron?
H.F.:
Con lo que nos decía el informante, la decisión era golpear a Becerril, La Jagua y Codazzi. Entramos por la vía de Chimichagua, y además íbamos coordinados con el Ejército. Primero golpeamos a Becerril y La Jagua, y después seguimos para Codazzi.

V.A.: ¿Y Tovar y Mancuso participaron en ese operativo?
H.F.:
Claro, ellos iban en la Dodge Ram de Gnecco.

V.A.: ¿Recuerdas en qué momento Rodrigo Tovar Pupo se convierte en ‘Jorge 40’?
H.F.:
El se volvió comandante después de que yo caí preso, no sé si en el 98 o en el 99. Pero en el 97, cuando Mancuso llegaba a Valledeupar, mandaba a llamar a ‘El papa’ Tovar, que era como se le conocía. Era el hombre de confianza de las autodefensas en el Cesar. En esa época él era estudiante universitario, nosotros lo acompañábamos de noche a prestarle seguridad. La universidad era cerca a la Plaza Alfonso López. Y de día él se la pasaba en la oficina de su papá en el centro. Pero al señor no le gustaba que fuéramos allá. Estaba sembrando arroz, no era rico, pero tenía sus comodidades. Con Tovar conocimos a Bautista, que era el que nos mostraba a la gente en Valledeupar.

V.A.: ¿Cuántos hombres integraban el grupo?
H.F.:
Como le dije, al principio éramos 25, pero a los pocos meses éramos casi sesenta, que se dividieron en dos grupos. Uno cogió para Cuatro Vientos y otro que se quedó entre Magdalena y Cesar, que era el grupo que tenía Baltazar.

V.A.: ¿Ese grupo de Magdalena y Cesar, dónde tenía la base?
H.F.:
En Monterrubio, en la Reforestadora, en Palmeras de la Costa, por los lados de El Difícil.

V.A.: ¿Y el grupo de Cuatro Vientos, dónde estaba?
H.F.:
De Bosconia hacia Valladeupar, pero llegaba también a los Venados, María Angola y llegaba hasta Valencia de Jesús y la Serranía del Perijá.

V.A.: ¿Cuando cayeron presos iban para La Guajira, qué iban a hacer allá?
H.F.:
Se iba a montar un grupo en La Guajira, eso fue el 4 de mayo de 1997. Iba Salvatore Mancuso, Tovar, Santiago Tobón (el financiero), Lino Arias Paternina, El Pitufo, un viejo Torres (q.e.p.d.), El Puma, un chofer de Federico Sáenz y mi persona. Íbamos en una burbuja verde y en un Toyota rojo macho.

V.A.: ¿Para dónde iban?
H.F.:
Para Maicao, se había hablado con Santa Lopezsierra y con ‘El Gordo’ González. Antes de viajar hubo una reunión en la casa de ‘El Gordo’ en Maicao. Habíamos ido tres veces, en una fui con Santiago Tobón, nos reunimos con unos turcos a los que Santiago les planteó unas ideas, les pidió 500 millones de pesos para comenzar con 25 muchachos. La gente estaba de acuerdo, ese mismo día fuimos a ver unos fusiles AK 47 que íbamos a comprar. La vaina iba buena, porque íbamos a entrar con pie firme.

V.A.: ¿De dónde venían esas armas?
H.F.:
De Venezuela, las tenían unos comerciantes de armas. Salimos de Maicao y antes de llegar a Riohacha nos desviamos y nos estaban esperando en una ranchería.

V.A.: ¿Cómo se produjo la captura de ustedes?
H.F.:
Nosotros no íbamos en son de matar a nadie, fue una cosa pendeja. Íbamos relajados, yo iba contento porque había entregado el grupo de Cuatro Vientos y en esos días le estaba haciendo la segunda a Lino y me había palanqueado la ida para La Guajira, yo sabía que me iba a ir bien. Mancuso me había dicho que me iba para allá. Ese Toyota rojo era de doña Tere, una hermana de Carlos Castaño. Salimos como a las nueve de la mañana para Maicao, era tarde ya. Yo iba con Mancuso en la burbuja, ‘El Puma’ venía con nosotros. En el Toyota roja iba ‘Jorge 40’ y Lino Arias. Cuando pasamos por Villanueva nos desviamos para coger la carretera para Maicao y ´El papa´ Tovar se dio cuenta que había como una invasión y había un man entregando folletos y ‘El papa’ dijo: ‘Devolvámonos, vamos a echarle mano a ese man’. Nos devolvimos como dos kilómetros. Yo cogí con papel periódico y cinta y tapé la placa, nos devolvimos Lino, ‘El Puma’ y mi persona. Yo me bajo con un pasamontaña y llamo al señor y le digo: ‘somos de la Sijin paisano’. Yo me bajé con un fusil R9. Cuando me vio que me bajé con el fusil se fue corriendo. Cuando me le pego atrás, la gente de la invasión comenzó a tirar piedras y en reacción el compañero mío hizo varios disparos y mató a dos personas que no tenían nada que ver en el asunto, muriendo Zenit Núñez y Toscano Minorta. Y resulta que a éste último, los grupos armados por allá en Pailitas le habían matado unos hermanos, unos familiares, y esos muertos me los cobraron a mí, sin yo nunca haber estado por allá.

V.A.: ¿Y dónde estaban Mancuso y Tovar mientras tanto?
H.F.:
Ellos esperaban más adelante en la burbuja. Nosotros seguimos el camino como si no hubiera pasado nada. Cuando comienzan a llamar por teléfono a decir que matamos a dos personas y nosotros llevábamos un radio de comunicaciones y nos decían que estábamos calientes. Cuando pasamos por San Juan del Cesar, la policía se nos pegó y le digo a Lino: ‘mira, estamos calientes por hacerle caso a ‘El papa Tovar’. Y aunque le pusimos la pata al carro, adelante nos esperaba un retén. Nos bajamos en el retén, teníamos los papeles en regla, pero los policías no conocían el fusil R9, es parecido a un R15, pero es un 9 mm, esos fueron los fusiles que vendieron a las Convivir; a Mancuso le vendieron 19 fusiles de esos y la pistola Glock.

V.A.: ¿Es decir, que ustedes en ese momento estaban con documentos y armas de la Convivir Nuevo Horizonte? ¿Quién era el representante de la Convivir?
H.F.:
Mancuso y Santiago Tobón.

V.A.: ¿Qué pasó en el retén?
H.F.:
Como Lino había sido de la Policía y de la Sijin, él habló con ellos para arreglar el problema. Todo estaba cuadrado, económicamente arreglado, cuando de pronto llega un capitán y dice: ‘No no, aquí nada, nos vamos para Barrancas, Guajira’.

V.A.: ¿Cuántos policías eran?
H.F.:
Eran casi una contraguerrilla.

V.A.: ¿Qué decían Mancuso y Tovar?
H.F.:
Mancuso estaba desesperado y comienza a tirar teléfono, llamó a Santander Lópezsierra, al hombre Marlboro, y llamaron al comandante de la policía, Rosso José Serrano. Ya la vaina se había salido de las manos, ya estaba en Bogotá. O sea, el comandante de La Guajira se las cagó porque reportó a Bogotá, y las armas eran legales. Pero un trabajador de Mancuso, dejó un chaleco y adentro había una granada. Como él había venido con sus escoltas desde Montería, no sabíamos que traían. Él en ese tiempo andaba con ‘El Gordo’,  el mismo ‘120’. Y a ‘120’ fue al que se le olvidó la granada,  porque lo mandaron para una finca en Urabá. El capitán se pegó por la granada, no tocó el tema de las armas que llevábamos porque tenían licencia y eran de la Convivir.

V.A.: ¿Tampoco dijo nada por los muertos?
H.F.:
Nada, si los muertos ya se estaban cuadrando; todo eso se estaba cuadrando. El capitán pidió plata y también se le dio. Mancuso hasta lloró esa noche allá y Tovar estaba desesperado.

V.A.: ¿Qué pasó cuando llegaron a Barrancas?
H.F.:
Nos quitaron los celulares, nos quitaron todo. Alcanzamos a encaletar un celular, que con eso era que se comunicaba Mancuso con Castaño. Mancuso creía que nos iban trasladar para Bogotá. Dice de pronto el ‘Mono’: ‘Si la vuelta se complica toca dejar aquí a ‘Luchón’ y al ‘Pitufo’. Luchón era el chofer de Federico Sáenz. Él no tenía nada que ver en el cuento en el que estábamos nosotros. Él iba a buscar un carro de Federico en Maicao y nosotros le dimos el chance. Cuando de pronto dice Mancuso: ‘Bueno Pájaro, usted siempre ha sido leal a la causa, usted siempre ha estado conmigo’.

V.A.: ¿Y cómo llegan a la decisión de que se  quedaba uno y se iban los demás, si estaban todos en el mismo problema? ¿Alcanzaron a estar tras las rejas Mancuso y Tovar?
H.F.:
Claro, ahí en Barrancas, en los calabozos de la policía. Llegamos casi a las cinco de la tarde, porque habíamos estado tratando de negociar con el capitán de la policía.

V.A.: ¿Y si el capitán no se transó, qué hicieron?
H.F.:
Dormimos esa noche en los calabozos. Le tomaron foto a las armas, pero la granada nunca apareció en la foto, porque se había cuadrado con el capitán que no la metieran. En la noche Mancuso decía, si hay problemas se quedan ‘El Pájaro’ y ‘El Puma’, que nosotros los sacamos. Pero la orden que le había dado el viejo Carlos Castaño a ‘Doble Cero’ era que sí a nosotros nos echaban para San Juan del Cesar, la orden era meterse 200 tipos armados a San Juan para sacarnos de ahí. Baltazar alcanzó a mover gente de Urabá y el comandante del operativo era ‘Doble Cero’. A la mañana siguiente arrancamos para San Juan del Cesar, ya la gente de Baltazar estaba cerquita de Valledeupar. Nos trasladan para allá, porque es la sede de la jurisdicción del fiscal, que se llamaba Rodrigo Daza.

V.A.: ¿Qué pasó en San Juan del Cesar?
H.F.:
Mancuso y Tovar consiguieron un abogado ahí en el pueblo y comenzó a entenderse con el fiscal y afuera de la policía, la gente tenía una murga, un escándalo por los dos muertos. La gente preguntaba qué quiénes éramos, no sabían. Llegaron con el personero, era el que estaba dando pedal. A ese personero, a los tres días, lo mandaron a matar.

V.A.: ¿Al personero de Villanueva?
H.F.:
Sí señor, porque ese era el que le estaba dando pedal a la gente. Ahí se cuadra con el fiscal y con el capitán se había arreglado que no reportara la granada, pero en la mañana se presentó y se torció. Ya el capitán había cogido la plata, pero reportó la granada. Ante eso el fiscal dijo: ‘tienen que quedarse dos’. Al fiscal lo negociaron por treinta millones de pesos.

V.A.: ¿Rodrigo Daza es su nombre?
H.F.:
Sí señor y estuvo preso por estos hechos. Yo hablé con él en Ríohacha.

V.A.: ¿Y de dónde sacaron la plata para negociar al fiscal y al capitán?
H.F.:
Mancuso y Tovar llevaban una plata para comprar unas armas, se gastaron como 80 millones de pesos y consiguieron más plata, porque Santiago Tobón, el financiero mandó a buscar una plata a Valledeupar. El fiscal dijo que dejaba libre a seis para calmar la murga de la gente del pueblo, pero que se quedaban dos por la granada, pero que en 20 días un mes él resolvía eso y nos íbamos de libertad. Entonces se monta el embuste que nosotros habíamos recogido al Ejército en Urumita y los soldados habían dejado la granada botada ahí. Pero como vieron que soltaron a Mancuso cayó la fiscalía de derechos humanos.

V.A.: ¿Y en esa época Mancuso ya era conocido?
H.F.:
Claro, pero cuando lo sueltan se tira para el monte enseguida, porque le sale orden de captura. Y para devolverse para Córdoba lo vino a recoger el comandante de la policía de allá. A él lo sueltan el 5 de mayo, el que estaba de comandante en Valledeupar lo sacó y lo entregó más adelante y enseguida se perdió en el monte. A los 20 días mataron al personero de Villanueva y me condenan por ese proceso. Es tan sucia la fiscalía de derechos humanos, un fiscal allá en 1997 se inventó las pruebas y nunca me aceptaron los alegatos. Pedimos la prueba del guantelete y nunca me la hicieron, a los fusiles no le hicieron la prueba de balística y nunca fueron disparados y donde encontraron a los muertos, estaban los casquillos pero no eran de los fusiles de nosotros. El proceso fue tan amañado contra Oviedo (el otro procesado), y mi persona, que nos reconocieron por fotos y pusieron a testificar en contra nuestra a un guerrillero que estaba preso en la misma cárcel con nosotros y con quien Oviedo había hablado algunas cosas de los hechos. Y pusieron a una cuñada de ese guerrillero a testificar contra nosotros y no nos conocía. Por esos hechos nos condenaron a 55 años de cárcel.

V.A.: Mancuso le dijo: ‘quédate que yo te saco en un mes’. ¿Qué pasó después?
H.F.:
Nos echaron para Ríohacha. Allá hablan con una fiscal, me acuerdo que el apellido era Cabezas. Allá me llamó un amigo de Mancuso y me dijo que ya el fiscal estaba cuadrado, que no había problema. A él le decíamos M1, pero no lo conocí. Pero la fiscal esa como que se paniquió, se abrió de Barranquilla y se robó la plata que le habían dado para que nos soltara. Después nos pusieron a un abogado que resultó ser ladrón y embustero, se llamaba Carlos Gamarra. Ese señor revolvió todo y dañó ese proceso. Mancuso se gastó más de 180 millones de pesos pagando abogados y no tuvimos defensa.

V.A.: ¿En el año en que estuvo en Cesar participó en acciones militares con Rodrigo Tovar?
H.F.:
Él entró a Codazzi.

V.A.: ¿Cómo era Rodrigo Tovar, lo alcanzó a conocer?
H.F.:
En el tiempo que estuvimos en Valledeupar, nosotros vivíamos en el mismo barrio Novalito, era un señor bien. Nosotros vivíamos en una casa al lado de la Coca Cola, creo que esa casa era de Jorge Gnecco. Ahí estábamos Brayan, Camilo, ‘la Mona’, Santiago Tobón y Mancuso tenía un cuarto ahí.

V.A.: ¿Quién era la Mona?
H.F.:
Era sicaria también, ella era de Medellín. La última vez que la vi, me fue a visitar a La Picota, me regaló ropa y tres millones de pesos. Me dijo que estaba trabajando por los lados de Amazonas.

V.A.: ¿Por qué se convirtió ‘Jorge 40’ en jefe del Bloque Norte?
H.F.:
Mancuso y el viejo Carlos lo querían mucho, porque desde que llegaron los grupos al Cesar, él no se le despegaba de la pata a Mancuso. Siempre estaba atento y si uno le decía ‘Papa’ necesitamos tal cosa,  ‘El papa’ estaba ahí; a él le gustaba la milicia.