El eslabón perdido de la historia paramilitar en Colombia

Aunque ha estado detenido dos veces en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí,  misteriosamente, en ninguna de las dos oportunidades se le ha podido comprobar nada. Por La Opinión de Cúcuta.

Esta foto fue tomada durante la visita que Lorenzo González Quinchía (derecha) le realizó a ‘El Iguano’ (Izquierda) mientras éste permanecía recluido en La Ceja, Antioquia. Foto: La Opinón de Cúcuta.
La triste historia del minero paisa sindicado de ser comandante paramilitar. Hace más de 5 años, en la edición 1.182 / 1.183 de la revista Semana, que iba del 27 de diciembre del 2004 al 10 de enero del 2005, en la sección Nación - Judicial, se reseñó la historia de Lorenzo González Quinchía, a quien presentó como un “minero paisa de 28 años que trabaja en Istmina, Chocó”.

El artículo titulado “La desgracia de Lorenzo” narra las penas que este joven, que en la actualidad cuenta con 34 años, había tenido que pasar desde el 22 de enero del 2002 por llamarse precisamente así, Lorenzo González Quinchía.

La historia de su desgracia, le  expresó en esa ocasión González Quinchía al periodista de la revista Semana, había iniciado el 22 de enero del 2002, cuando fue capturado por el DAS en el puesto de inmigración del aeropuerto El Dorado de Bogotá, acusado de ser, según el director de la entidad estatal de la época, “el tercer hombre más importante de las Auc después de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso”.

Ese día, en el que los medios de comunicación del país mostraban el rostro de Lorenzo a los televidentes, el director del DAS continuó diciendo: “En la organización (Autodefensas Unidas de Colombia) es conocido con el alias de ‘Julián Bolívar’, pero su verdadero nombre es Lorenzo González Quinchía. Está buscado por la unidad de derechos humanos de la Fiscalía para responder por varios crímenes, entre ellos el asesinato del Defensor del Pueblo de Cúcuta, Iván Villamizar”.

Lo que vino después de ese día para González Quinchía fue una batalla legal por tratar de demostrarle a la justicia que él no era la persona que buscaba.

Tras 19 meses de arresto en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, el 19 de septiembre de 2003 el juez que llevaba su caso determinó que Lorenzo González Quinchía, el que había estado preso todo ese tiempo, no era el comandante paramilitar ‘Julián Bolívar’ y ordenó que fuera puesto en libertad de manera inmediata. Una vez libre, Lorenzo González retornó a las labores como minero junto a su padre y algunos de los cinco hermanos.

Hasta aquí, esta historia no era más que una lamentable equivocación de parte de la justicia colombiana que, para fortuna de Lorenzo González Quinchía, pudo ser aclarada en su momento.

En la edición de la revista Semana que cubría su historia había una frase que describía con precisión toda la situación vivida por el minero paisa: “El increíble y triste caso de un minero que tuvo la desgracia de llamarse igual que dos jefes paramilitares. Un episodio entre trágico y caricaturesco”.

Así, termina la historia de Lorenzo González Quinchía, el minero.

Al fin, ¿es o no es?
Según lo dicho por el Juez Primero Penal del Circuito Especializado de Cúcuta en la sentencia que ordenaba la libertad inmediata de Lorenzo González Quinchía, no era el jefe paramilitar conocido con el alias de ‘Julián Bolívar’, entre otras razones, porque las pruebas morfológicas, dactilares, de ADN y de voz así lo demostraron.

El juez, incluso cuestionó la actuación del fiscal que encarceló al minero paisa González Quinchía por ser homónimo de un jefe ‘para’. En su decisión, el juez tenía toda la razón.

Para ese momento, en el que los acercamientos entre el Gobierno y los paramilitares empezaban a darse, eran una incógnita las identidades de algunos de los cabecillas de esta organización criminal que, amparados en la ilegalidad en la que se movían, podían adoptar múltiples identidades sin ser descubiertos.

‘Julián Bolívar’, el jefe paramilitar del Bloque Central Bolívar (BCB) con el que confundían a Lorenzo González Quinchía, se llama en realidad Rodrigo Pérez Alzate. Él, su hermano Guillermo Pérez Alzate, alias ‘Pablo Sevillano’ y Carlos Mario Naranjo, alias ‘Macaco’,  fundaron el BCB en 1997.

La confusión de la Fiscalía en torno al nombre de Lorenzo González Quinchía era tal, que en el boletín de prensa número 303, fechado el 14 de septiembre del 2002, y titulado “acusado presunto autor intelectual del asesinato de Iván Villamizar Luciani”, se hacía mención de quien por ese entonces estaba detenido, el minero paisa de nombre Lorenzo González Quinchía, y a quien se seguía señalando con el alias de ‘Julián’.

No fue sino hasta que el verdadero ‘Julián Bolívar’, es decir, Rodrigo Pérez Alzate se desmovilizó, el 31 de enero del 2006, que el nombre de Lorenzo González Quinchía pudo quedar limpio de una vez por todas. ¿O no?

No. Antes de que ‘Julián Bolívar’ se desmovilizara se conoció otro episodio que parecía sacado de una novela de trama policiaca donde tres hombres, so pretexto de encubrirse entre sí, se habrían propuesto confundir a las autoridades usando el mismo nombre para delinquir. Dos de ellos usándolo como sus alias y uno más portándolo como su verdadero nombre.

El otro Lorenzo González Quinchía que hace falta en esta baraja es Carlos Mario Naranjo, alias ‘Macaco’. El tristemente célebre paramilitar extraditado, antes de sentarse a negociar con el Gobierno en Santa Fe de Ralito era conocido como Lorenzo González Quinchía y su alias no era aún ‘Macaco’ sino ‘Javier Montañés’. Es decir, dos jefes paramilitares de un mismo bloque, el Central Bolívar, usaban como alias el mismo nombre: Lorenzo González Quinchía.

En un estudio del Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, titulado “Algunos indicadores sobre la situación de derechos humanos en el departamento de Risaralda”, y actualizado a octubre del 2005, deja leer en sus líneas, acerca de la incidencia de las autodefensas  en dicho departamento, lo siguiente:

“El principal grupo de autodefensa de la zona – el Bloque Central Bolívar – es reconocido por ser uno de los más involucrados en el tráfico de cocaína, es liderado entre otros por Lorenzo González Quinchía alias ‘Macaco’ o ‘Javier Montañés’, quien habría comprado tierras y empresas en territorio cafetero”.

Esta confusión de nombres, en la que habían caído la Fiscalía, la Policía Nacional, algunas oficinas del Gobierno y el DAS, perjudicaban al minero paisa llamado Lorenzo González Quinchía. Así se lo hacía saber al periodista de la revista Semana que en diciembre del 2004 lo entrevistaba. En su nota, el redactor consignó  lo siguiente:

“Resulta ridículo creer que ‘Javier Montañés’ (Carlos Mario Naranjo, alias ‘Macaco’) tenga ahora (diciembre de 2004), según las autoridades, el mismo nombre y apellido que ‘Julián Bolívar’ (Rodrigo Pérez Alzate), el otro comandante paramilitar del Bloque Central Bolívar”.

Después de la nota publicada por la revista Semana y hasta el día de hoy, Lorenzo González Quinchía, ‘el original’, suponemos, ha tratado de llevar su vida de manera tranquila en las minas de oro que, según afirmaba, poseía en el Chocó en la época en la que concedió la entrevista a la prestigiosa publicación.

Ahora, cerca de seis años después, su pesadilla parece revivir. Sólo que esta vez, al parecer, ya no habrá manera de zafarse de ella.

‘El Iguano’ y ‘El minero Paisa’
En la historia paramilitar colombiana existe un personaje que tiene tras de sí gran parte de la génesis de las Autodefensas Unidas de Colombia, sobre todo las que tuvieron su accionar en Chocó, Antioquia y Córdoba, aunque todos lo conocieron como el comandante del Frente Fronteras de las Auc que operó en Norte de Santander, Cúcuta y su área metropolitana. Su nombre: Jorge Iván Laverde Zapata, alias ‘Sebastián’, ‘Pedro Fronteras’, ‘Raúl’, ‘La Iguana’ o ‘El Iguano’.

Desde el día de su desmovilización, ‘El Iguano’ ha confesado cientos de homicidios, múltiples masacres, desapariciones, la creación de los hornos donde incineraban a las víctimas y las relaciones del Frente Fronteras con políticos y empresarios de la región.

En las audiencias de confesión de hechos llevadas a cabo la semana del 5 al 9 del presente mes, en las que participaron ‘El Iguano’ y 21 de sus hombres más cercanos, el nombre de Lorenzo González Quinchía, ‘el original’, volvió a sonar una vez más.

Esta vez no se trataba de alguien más suplantando al ‘minero paisa’. Ahora hubo una referencia directa sobre él mismo, con los alias de ‘Yunda’, ‘Julián’ o ‘Camilo’.

De ser cierto lo que La Opinión pudo conocer sobre su pasado, Lorenzo González Quinchía sí es un minero con propiedades en el Chocó, sobre todo en la región de Istmina.

Pero tiene un lado oscuro, muy parecido al de los socavones, porque es un poderoso paramilitar, ‘niño consentido’ de Carlos Castaño y comandante de ‘La 35’, la finca ubicada entre el municipio de San Pedro de Urabá y el corregimiento de El Tomate, en el que los aspirantes a paramilitares recibían la instrucción militar y se preparaban para salir a invadir el país con sus fusiles.

Lorenzo González Quinchía, ¿minero o paramilitar? o ¿las dos cosas?
Si en el buscador de información en internet Google se teclea el nombre ‘Lorenzo González Quinchía’, aparecen 2.660 resultados que contienen alguna de esas tres palabras.

Uno de esos resultados posibles  es el edicto No.  0108 del Grupo de Trabajo Regional Ingeominas – Medellín en el que se hace saber que en el expediente No.   HA6-122, relativo a la Propuesta de Contrato de Concesión solicitado por el señor Lorenzo González Quinchía, se dicta una providencia cuya parte Resolutiva dice así:

“Rechazar la Solicitud de Contrato de Concesión No. HA6-122, presentada por el señor Lorenzo González Quinchía, para la exploración y explotación de un yacimiento de oro y platino, localizado en jurisdicción del municipio de Tadó en el departamento del Chocó”.

La resolución fue dada en Medellín, el 20 de marzo de 2007. El documento se trae a colación porque un año antes, según se pudo establecer por intermedio de un ex paramilitar cercano a ‘El Iguano’, Lorenzo González Quinchía, el ‘minero paisa’ que apareció en el reportaje de Semana dando la cara y exhibiendo su cédula, viajó hasta La Ceja, Antioquia, a reunirse con el comandante del Frente Fronteras.

‘El Iguano’,   junto con 57 jefes paramilitares más, se encontraba en la antigua sede de Prosocial que había sido acondicionada como centro de reclusión. De esta visita quedó un registro fotográfico que se exhibe en el presente artículo.

Resulta paradójico entonces que una persona que se dedica a la minería, que además pretende adelantar exploración y explotación de oro y platino de manera legal y, por tal razón, solicita permisos para tal fin ante Ingeominas, se reúna con un reconocido jefe paramilitar en su centro de reclusión.

Ahora bien, esa visita no constituye un delito, pero las revelaciones sobre su vida, que han saltado a la luz pública en los últimos días, sí. Y por eso la foto de esa visita parece confirmar lo que hasta ahora muchos desconocen en el país: Lorenzo González Quinchía hizo parte activa de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Alias ‘Yunda’, ‘Julián’ o ‘Camilo’
Según el relato de algunos paramilitares que hicieron parte del grupo comandado por Jorge Iván Laverde Zapata, alias ‘El Iguano’, él y Lorenzo González Quinchía fueron muy cercanos en la zona del Urabá, al punto de que ‘Yunda’, como se le conocía al interior de las Autodefensas fue quien, junto a ‘El Iguano’, prácticamente obligó a la disolución del frente 5 de la guerrilla de las Farc que operaba en esta zona del país.

Lorenzo González Quinchía habría iniciado su particpación en las Autodefensas Unidas de Colombia en el Urabá antioqueño, a la edad de 20 años, en 1994. La cercanía y confianza que le tenía el extinto comandante de las Auc Carlos Castaño, rápidamente lo llevaría a ser el comandante militar de Urabá al mando de  los hombres que le proveía el estado mayor de las Autodefensas desde la finca ‘La 35’.

Junto a ‘El Iguano’, otro de los hombres de confianza de ‘La Casa Castaño’, libró una guerra a muerte con la guerrilla de las Farc y el Ejército Revolucionario Guevarista que operaban en el Chocó.

Precisamente por los resultados militares que alias ‘Yunda’ ofrecía en la lucha contra la guerrilla, ‘La Casa Castaño’ decidió trasladarlo por varios frentes de guerra, sobre todo donde las Auc necesitaban posicionarse y ejercer control territorial.

Algunas versiones de ex paramilitares indican que el recorrido de la muerte iniciado por ‘Yunda’ en el Urabá antioquieño lo habría llevado también por Chocó, Quibdó y el Bajo Baudó, más exactamente a Istmina.

Allí habría permanecido por cerca de un año hasta que Carlos Castaño ordenó trasladarlo a Norte de Santander en compañía de ‘El Iguano’, ‘Gustavo 18’ y ‘Jairo Sicario’.

Llegada de los ‘paracos’
Cuando ‘El Iguano’ llegó a Norte de Santander y se estableció en Cúcuta y el área metropolitana, venía con ‘Yunda’.

Testimonios de ex combatientes ‘paras’ y de personas que conocieron ese primer grupo enviado por Carlos Castaño a la región,  señalan que ‘Yunda’ habría estado, en un primer momento, de mayo a octubre de 1999 organizando la entrada de los ‘paracos’ a la ciudad.

Después de éste primer paso por esta región de frontera, su rastro se perdió hasta el 16 de enero del 2000 cuando es detenido en Urabá, con ‘El Iguano’.

Ese primer arresto, en el que permanecieron encarcelados en Itagüí, se produjo por la acusación de conformar grupos al margen de la ley.

Era tal la cercanía de ‘El Iguano’ y ‘Yunda’ con ‘La Casa Castaño’, que Salvatore Mancuso dispuso de su abogado personal para que los sacara cuanto antes de la cárcel, revelaron las fuentes.

Por ese trabajo, Mancuso habría pagado una gran suma de dinero a su abogado cartagenero, del cual sólo se pudo establecer que se llamaba Roberto.

Las gestiones del jurista dieron sus frutos. El 30 de agosto del 2000,  Jorge Iván Laverde Zapata y Lorenzo González Quinchía, salieron de prisión.

Una vez libres, los dos volvieron a Norte de Santander.

En la segunda venida, ‘Yunda’ habría estado operando en Cúcuta entre octubre del 2000 y marzo del 2001.

En ese período de seis meses, Lorenzo González Quinchía, ahora bajo los alias de ‘Yunda’, ‘Julián’ o ‘Camilo’, dejó impresa su firma en la región.

Una fuga y un crimen
El 16 de noviembre del 2000, dos meses y medio después de haber salido de la cárcel de Itagüí, Jorge Iván Laverde Zapata  cayó en poder de la justicia en Cúcuta,  en compañía de Jhon Fredy Gutiérrez Ramos, Israel Sánchez Durán y su compañera, Claudia Isabel Coca Ceballos, de 20 años.

A los siete días se registró una cinematográfica fuga. Treinta  paramilitares lo rescataron de la Clínica Los Samanes, donde estaba internado. Eran las 12:00 de la noche del 23 de noviembre y en la operación sólo se accionó un disparo.

Por lo que se ha podido establecer luego  de la desmovilización del Frente Fronteras, en la huida de ‘El Iguano’ participaron activamente funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario (Inpec), el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y la Policía Nacional.

Por el Inpec habrían participado Mario Arévalo Perdomo, director de la Cárcel Modelo de Cúcuta y Hernán Darío Mejía Petrochelli, subdirector del mismo centro carcelario. Según lo afirmado por algunos ex ‘paras’, ‘Yunda’ habría girado más de $100 millones para los gastos del rescate.

Mejía Petrochelli fue asesinado tiempo después, según algunos ‘paras’, por la guerrilla que lo señaló de haber facilitado la fuga de ‘El Iguano’. El enlace con el DAS habría sido Efraín Morales, agente activo de la entidad estatal y quien, según lo  afirmado por algunos ex paramilitares, coordinó todo con los demás agentes que participaron en el rescate.

Estos hechos  son materia de investigación por parte de las autoridades y será la justicia la que se encargue de dictaminar el grado de participación o no de los sindicados.

Lo importante en la historia del rescate de ‘El Iguano’ es que sólo hasta hoy se puede conocer un dato revelador de la misma. A raíz de versiones entregadas por ex ‘paras’ que operaban en la ciudad para la fecha en que sucedió el rescate, ‘Yunda’ habría intervenido activamente.

Lorenzo González Quinchía, que operaba bajo los alias de ‘Yunda’, ‘Julián’ o ‘Camilo’ se encontraba en Urabá cuando ‘El Iguano’ fue capturado en Cúcuta. De inmediato Carlos Castaño y Salvatore Mancuso dispusieron que fuera rescatado a como diera lugar.

Para esa misión no podían encomendar a alguien distinto de ‘Yunda’, quien contaba con la confianza de Carlos Castaño y había demostrado de manera suficiente su capacidad para una operación de esa magnitud.

Una vez llegó a Cúcuta se contactó con Ramón de las Aguas Ospino, alias ‘Rumichaca’, actualmente detenido y quien está dentro del proceso de Justicia y Paz, y montó el operativo.

Una vez libre, por segunda vez en menos de un año, ‘El Iguano’ siguió comandando el Frente Fronteras de la mano del que muchos no dudan en afirmar que era “casi como su hermano”, ‘Yunda’.

Este dúo, de los más cercanos de ‘La Casa Castaño’, daría su próximo golpe el 12 de febrero de 2001.

Ese día, un grupo de paramilitares, a bordo de un Montero Mitsubishi color verde, un taxi y una motocicleta, cercaron el paso del carro en el que viajaba el ex Defensor del Pueblo de Norte de Santander, Iván Villamizar Luciani,  y lo asesinaron.

Desde el primer día las autoridades han sindicado a alias ‘Julián’ como el responsable del crimen, pero extrañamente, nunca, al menos eso parece, han logrado establecer con exactitud quién es esa persona que, bajo el alias de ‘Julián’, delinquió en Cúcuta e incluso, comandó el Frente Fronteras con ‘El Iguano’.

Prueba de ello es que tres meses después de la muerte del ex Defensor,  las autoridades capturaron a Jairo Emilio González Quinchía y de inmediato lo sindicaron, no sólo de ser el responsable de la muerte de Villamizar Luciani sino de ser el tercero al mando de las Autodefensas en Norte de Santander después de ‘El Iguano’ y ‘Camilo’.

A Jairo Emilio lo capturaron saliendo de la clínica donde se recuperaba de las múltiples heridas sufridas en el accidente de tránsito que había protagonizado cuando iba en motocicleta por la vía a Puerto Santander.

Jairo Emilio González Quinchía, supuestamente  ‘Julián’, fue trasladado a Bogotá y presentando ante el país como un importante miembro de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Lo que las autoridades no tenían claro, en ese momento, era que Jairo Emilio, cuyo verdadero alias es ‘El Burro’, es hermano de Lorenzo González Quinchía, alias ‘Yunda’ o ‘Julián’. Éste último es el verdadero hombre detrás de la muerte de Villamizar Luciani, y quien desde el 16 de enero del 2000 cuando lo capturaron en el Urabá, pudieron haber encarcelado.

Después de la muerte de Iván Villamizar Luciani el rastro de ‘Yunda’, ‘Julián’, ‘Camilo’ o Lorenzo González Quinchía se volvió a perder.

La siguiente vez que apareció, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, las autoridades lo detuvieron, pero una vez más salió libre gracias a la confusión en torno a su nombre. Y fue tal el enredo de las autoridades con relación a su identidad, que la historia fue reseñada por la revista Semana, como ya se expuso al inicio de esta nota.

¿Por qué sólo hasta ahora se sabe de él?
Varias hipótesis podrían tejerse alrededor del exitoso anonimato que Lorenzo González Quinchía, alias ‘Yunda’, ha manejado durante todos los años de permanencia en las Auc, a pesar de la importancia que parece haber tenido al interior de las mismas.

La primera de ellas es que siempre, como sostienen algunos ex paramilitares que lo conocieron, mantuvo un bajo perfil. Delegaba funciones muy precisas y sólo coordinaba tras bambalinas las misiones que se le encomendaban.

Otra razón podría ser que en todo momento contó con una confianza muy grande por parte del estado mayor de las Auc que lo defendía y protegía como a uno de sus mejores hombres y que, por lo mismo, siempre se encargó de mantenerlo oculto, lejos de las apariciones mediáticas, como si vieran en él a un posible sucesor de la causa paramilitar cuando  todo estuviera ‘oficialmente terminado’.

Otra hipótesis, no menos posible que las otras, sería que al interior de la estructura paramilitar, alias ‘Yunda’ goza de tanto poder que todos aquellos que lo conocieron temen denunciarlo, siquiera mencionarlo o hacer referencia a sus hechos y sus muertos. Varios paramilitares detenidos actualmente que tuvieron contacto con él no dudan en señalar ésta como una de las razones más probables para su anonimato.

Finalmente, y quizás sea la razón fundamental para que hasta ahora, después de 15 años de vida paramilitar, su nombre vuelva aparecer, es que para las autoridades Lorenzo González Quinchía ha sido: ‘Julián Bolívar’ (Rodrigo Pérez Alzate); ‘Javier Montañéz’ (Carlos Mario Naranjo, alias ‘Macaco’); un ‘próspero minero paisa’ con minas en el Chocó; Jairo Emilio González Quinchía (alias ‘El Burro’, su hermano), pero nunca, Lorenzo González Quinchía, alias ‘Yunda’, ‘Julián’ o ‘Camilo’, el que hoy, al parecer, por fin muestra su verdadera cara.

Publicado por La Opinión de Cúcuta