La llegada de Belisario Betancur a la presidencia (1982-1986) marcó desde el principio una diferencia con respecto al gobierno de Julio Cesar Turbay (1978-1982) en cuanto a las relaciones con los grupos insurgentes.
Betancur estuvo desde el comienzo volcado hacia la búsqueda de la paz, voluntad que se materializó en el constante intento por entablar diálogos con las guerrillas. Lo primero que hizo fue reconocerles su carácter político, al tiempo que inició una serie de reformas en la parte política, económica y social, encaminadas a buscar soluciones al conflicto armado como la pobreza, el desempleo y el analfabetismo.
Antes de iniciar negociaciones con el Gobierno, las Farc realizaron la Séptima Conferencia, en la cual decidieron convertirse, en palabras de Jacobo Arenas, en un “movimiento guerrillero auténticamente ofensivo”, con el objetivo de incrementar el número de integrantes, ubicar un 50% de sus fuerzas sobre la cordillera oriental con el fin de rodear a Bogotá, y poner fin al régimen en ocho años y construir un “gobierno provisional”.
A pesar de esto, en el momento en que el gobierno Betancur dio señales de querer negociar, la iniciativa fue bien recibida por las Farc.
Durante el primer año de gobierno, se tomaron medidas para la búsqueda de paz como la radicación de la Ley de Amnistía para facilitar una posible desmovilización de las guerrillas, se desarrolló el Plan Nacional de Rehabilitación y se creó la Comisión de Paz, entre otras cosas, para empezar a buscar formas de entrar en contacto con los grupos guerrilleros.
En el primer semestre de 1983, el gobierno nombró a tres Altos Comisionados para la Paz ad honorem para funcionar de enlace entre la Comisión y el Presidente.
Todas estas medidas hicieron posible que, entre 1983 y 1984, se empezaran a generar acercamientos con las Farc-EP, el M-19, la Autodefensa Obrera (ADO) y el Ejército Popular de Liberación (Epl), a pesar de que al mismo tiempo el estamento militar plantaba oposición a la política de paz desarrollada por el gobierno.
Para inicios de 1984, luego de algunos intercambios de cartas entre representantes de la Comisión de Paz y las Farc (como aquellas entre Alberto Rojas Puyo y Jacobo Arenas) se firmó una tregua bilateral entre el gobierno y esa guerrilla, y posteriormente, a través de “Los Acuerdos de la Uribe”, firmados el 28 de marzo de 1984 por las Farc y algunos miembros de la Comisión de Paz en Mesetas (Meta), se estableció el cese al fuego y se condenó el secuestro, la extorsión y el terrorismo.
Posteriormente, y tras la creación de la Comisión Nacional de Negociación y Diálogo con el propósito de alcanzar acuerdos similares a los logrados con las Farc con otras agrupaciones insurgentes, entre el 23 y 24 de agosto de 1984, se firmaron en Corinto (Cauca), El Hobo (Huila) y Medellín (Antioquia), acuerdos de cese al fuego con el M-19, el Epl y la Ado.
Alfonso Cano, Jacobo Arenas y Tiro Fijo, en La Uribe, Meta.
Foto: archivo Semana.
La síntesis del proceso
Inicio: 28 de marzo de 1984 con la firma de “Los Acuerdos de La Uribe” entre el gobierno y las FARC-EP, después de meses de intercambio de cartas entre el gobierno y los grupos guerrilleros.
Finalización: 5 de agosto de 1986, con la desintegración de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación.
Lugar: acuerdos firmados en La Uribe, municipio de Mesetas (Meta); Corinto (Cauca); El Hobo (Huila) y Medellín (Antioquia).
Jacobo Arenas con algunos guerrilleros que luego serían del M-19, entre ellos Carlos Pizarro. Foto: archivo Semana.
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